La U, el Nacional y la "B"

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Polette Vega, estudiante de la Universidad de Chile.



La "U", el Nacional y la amenaza de la "B". ¿Una columna sobre fútbol? ¡No!, sobre educación, más bien sobre mala educación. Es que los hechos que vienen ocurriendo en la principal universidad del país y en el liceo emblemático de la nación revisten la mayor gravedad. La intolerancia violentista se ha ido apoderando a pasos agigantados de ambos planteles. Grupos de izquierda, minoritarios pero audaces, han ido imponiendo su agresividad matonesca en los campus, patios, aulas y oficinas de la Casa de Bello y de la cuna de la educación pública chilena. Directores, profesores y alumnos han sido maltratados física o sicológicamente, "funados", amedrentados, acallados y marginados, por la sola razón de pensar distinto, por expresar opiniones divergentes, por no comulgar con la verdad oficial que los jóvenes aludidos pregonan. Por cierto, las más de las veces en nombre de la reivindicación de derechos, del pluralismo, la libertad y la democracia. ¿Cómo no?

El cuadro no es del todo nuevo: repite esquemas que la izquierda de raíz marxista y sus ramas anárquicas han utilizado en establecimientos educacionales (no únicamente) por décadas en todo el orbe, aprovechando el caldo de cultivo que facilitan los malestares sociales existentes y utilizando la mano de obra que facilitan los desadaptados de turno. Tampoco resulta extraño que este fenómeno se despliegue ante la mirada atónita e inactiva de mayorías temerosas, indolentes o anestesiadas: alumnos, profesores, apoderados y directivos. Eso ya ha acontecido, y volverá a ocurrir. ¿Y qué hay de los gobiernos respectivos? Ellos merecen un párrafo aparte. En general, sus conductas parecen haber colaborado abiertamente al estado de situación que hoy enfrentan sus instituciones. Por supuesto, ya se sabe, los escenarios son complejos y se requiere de mucha prudencia -y alguna dosis de fortuna- para enfrentar con éxito este tipo de dificultades. Aun concediendo que sea así, no ha de confundirse la sabiduría práctica con la debilidad ni la condescendencia, menos todavía con la connivencia.

Si se mira con atención los procesos que han vivido ambas entidades para llegar al estatus actual, queda la impresión de que se ha dado un cierto acomodo de los estamentos rectores a la voluntad de quienes han ido extremando sus acciones hasta el punto de caer en el vandalismo y la delincuencia, sino en el terrorismo (¿qué otra cosa es intentar quemar viva a una persona, por ejemplo?). ¡Han sido condescendientes! Se han tolerado desde la cabeza las transgresiones recurrentes que han cometido alumnos. ¡Han sido conniventes! Todo ello encubierto por declaraciones que minimizan los hechos, abren investigaciones sobre los mismos (normalmente sin ningún efecto práctico) y apelan a su supuesta excepcionalidad. Cómplices pasivos (o activos), dirían algunos. Una verdadera pena: la "U" y el "Nacional" parecen condenados a perder definitivamente la categoría. ¡Se irán a la "B"!, a vista y paciencia de todos.

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