Las dudas que se abren para la economía chilena

Cabe no perder de vista que el alto crecimiento que el Banco Central pronostica para este año se sustenta en bases pasajeras, como el alto consumo. Preocupa que la inversión se esté ralentizando, así como la posible incubación de desequilibrios macroeconómicos.



En su Informe de Política Monetaria de junio (IPoM), el Banco Central (BC) sorprendió a todos los analistas al proyectar para este año el crecimiento más alto en casi tres décadas. Según las estimaciones contenidas en el informe, la economía chilena se expandiría entre 8,5% y 9,5% -dos puntos y medio más de lo proyectado en el IPoM anterior-, aunque redujo las estimaciones a un rango entre 2% y 3% para 2022 y a un rango entre 1,75% y 2,75% para 2023.

Este crecimiento acelerado -que en buena medida responde a un rebote técnico-, en otro momento podría haber sido celebrado, pero esta vez se sustenta en bases más bien frágiles y de características temporales. El principal motor de crecimiento de corto plazo está basado en el consumo, impulsado por los retiros de las AFP y los cuantiosos aportes fiscales. De hecho, el Banco Central estima que el consumo privado se expandirá a un ritmo de 15,1%, el nivel más alto desde que existen cifras comparables (1997). En contraste, el IPoM levanta una preocupación por el rezago que exhibe la inversión y advierte que “sigue siendo el componente más rezagado del gasto, y no puede descartarse una evolución menos favorable que lo previsto”. Según el BC, “los datos muestran que en el primer trimestre la inversión en construcción y obras no logró recuperarse, que no han ingresado grandes proyectos de inversión a los catastros y que los eventos político-legislativos locales han afectado a la bolsa, usualmente correlacionada con la evolución futura de la inversión”.

Es decir, el crecimiento abrupto en torno al 9% que tendría la economía este año también esconde señales potencialmente preocupantes porque, en palabras del Banco Central, “se perfila un escenario de recuperación fuertemente sesgado hacia el consumo, que, de mantenerse o incluso profundizarse con políticas más procíclicas, podría ir incubando desequilibrios macroeconómicos de mayor envergadura, riesgo que debe ser debidamente anticipado”. Esta señal de alerta que levanta el Banco Central sugiere que, de persistir la expansividad de la política fiscal, el impulso monetario deberá ser revertido en forma anticipada para evitar que las presiones inflacionarias -que hasta el momento presentan características transitorias-, se vuelvan más estructurales.

Otra preocupación que levanta el IPoM es los efectos que ha tenido el panorama político en las decisiones de los agentes privados. Por ejemplo, al comentar que los niveles de incertidumbre siguen elevados, por encima de los previos a la crisis social, señala que “esto ha coincidido con un período de mayores tensiones políticas y un amplio abanico de iniciativas legislativas en materias previsionales, fiscales y regulatorias”. Además, el informe redujo las estimaciones de crecimiento de mediano plazo. El PIB tendencial no minero fue ajustado a un rango entre 2,4% y 3,4% para el periodo 2021-2030, por una caída en la productividad total de factores.

Todo esto indica que el abultado crecimiento de este año esconde elementos subyacentes que deberían motivar a la revaluación de los estímulos fiscales, a poner el foco en la generación de empleo -casi ausente en el debate público- y a entregar señales que permitan retomar niveles de inversión de base en el largo plazo.

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