Las horas más oscuras en la lucha contra el Covid

Coronavirus. Ministro Salud, Enrique Paris. Balance sanitario lunes 22 de febrero.

Mientras las cifras de contagios anticipan un posible colapso, las erráticas decisiones de la autoridad marcan el momento más complejo del gobierno en lo que va de pandemia.



Las nuevas restricciones anunciadas esta semana dejan en claro que Chile está viviendo sus horas más oscuras en la lucha contra el coronavirus. Cifras récord de contagios están presionando un sistema de salud agobiado hasta niveles donde no se puede descartar un verdadero colapso, cuyas consecuencias son inimaginables.

Las cifras son dramáticas. Los contagios han superado los 8 mil por día, batiendo récord en varias regiones, lo que ha significado un aumento impactante en los internados en las salas de urgencia, que solo en la Región Metropolitana han subido un 50% en los últimos veinte días, dejando al país al borde del dilema de la última cama, algo que estaba fuera de todos los pronósticos.

El cómo llegamos a esta situación será siempre materia de debate. Algunos dirán que las restricciones debieron imponerse más temprano; que nunca debieron otorgarse permisos de vacaciones, dar luz verde a la entrada de los colegios, o abrir las fronteras a extranjeros. Esta es una discusión mundial, pero que al final da cuenta de que no hay ninguna claridad respecto de lo que debe hacerse o no, pues el comportamiento del coronavirus sigue sorprendiendo y desafiando el entendimiento humano.

La situación que vive Chile en estos momentos se replica en casi todas partes. Esta semana, la Organización Mundial de la Salud alertó que los contagios volvieron a aumentar por quinta semana consecutiva, con más de 3,8 millones de nuevos casos en los últimos siete días, al tiempo que los decesos también van en ascenso, con un alza de 5%. El organismo se mostró especialmente preocupado por la situación de Europa, donde pese a que 27 países se encuentran en bloqueo parcial o total, las cifras son muy desfavorables. En esto, la OMS hace una dura crítica a la Unión Europea, donde califica el proceso de vacunación de “inaceptablemente lento”.

En esto, nuestro país sí tiene una ventaja, dado que se han puesto más de 10 millones de dosis, un número que nos coloca muy por sobre el promedio mundial, alcanzando cerca del 30% de la población. A este ritmo, Chile podría tener vacunada al 70% de la población en 81 días y así alcanzar la esperada inmunidad de rebaño. El problema es que hoy parece ya un hecho que el período que resta será muy duro y de ahí las severas restricciones impuestas el jueves pasado por la autoridad, las que en general van bien encaminadas, sin perjuicio de lo discutible que resulta restringir las ventas del comercio -en fase 1 y 2- a aquellos productos que califiquen según la nueva definición de bienes y servicios esenciales de uso doméstico, entre otras razones por lo discrecional que resulta determinar qué es esencial para las familias.

Entendiendo que el manejo de la pandemia es muy complejo, hay que decir que el gobierno también ha vivido sus propias horas oscuras en estos días. Primero, por la confusión en torno a las medidas adoptadas, las cuales han cambiado de un día a otro, sin mayor explicación. Baste mencionar, como ejemplo, las restricciones aplicadas a los viajes al extranjero el lunes, para luego cerrar las fronteras el miércoles. En segundo lugar, por el tono de los mensajes, que intentan trasmitir certezas que no se tienen, como cuando se aseguró que no se moverían las elecciones o que la Región Metropolitana no entraría en cuarentena, todo lo cual ha quedado superado por la crisis. En definitiva, queda la impresión de que pasamos abruptamente a un escenario cercano al descontrol del virus y una crisis sanitaria, lo que tiende a confundir aún más a la población. Por ello, el gobierno debiera ser más cuidadoso y claro en estas materias. Los mensajes erráticos solo conllevan a alimentar falsas sensaciones de seguridad en la población o desapego a las instrucciones de la autoridad, creando un círculo muy peligroso.

Pero también esto requiere más que nunca de la cooperación de la ciudadanía. Si bien es comprensible el cansancio acumulado, actuar con responsabilidad será vital en estos días. Es imposible que las autoridades controlen cada una de las medidas aplicadas, por lo que salir de esto depende en gran medida del comportamiento individual. No es momento de sacar ventajas al sistema. La situación es grave y hay que actuar en consecuencia.

En medio de la confusión, no hay que perder el norte. Ya parece haber certeza de que lo único que detendrá la pandemia no son las cuarentenas ni las restricciones, sino lograr vacunar a un porcentaje importante de la población. En esto, nuestro país va muy bien encaminado y hay que redoblar los esfuerzos para seguir asegurando la llegada de las vacunas necesarias y mantener el ritmo de inoculación.

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