En las horas previas

Sebastian Piñera



Mañana iniciará su gestión un nuevo gobierno y es oportuno valorar que los procedimientos democráticos hayan echado raíces firmes en nuestro país. Lo demuestra el ejercicio de libertades de expresión, asociación y reunión: el desarrollo de las campañas electorales sin violencia; la limpieza de los escrutinios y, como consecuencia de todo ello, el que los resultados sean respetados por todos. Es indudable que las reformas políticas de este periodo mejoraron el régimen democrático al establecer un sistema electoral proporcional, fijar rigurosas normas para el financiamiento de las campañas y hacer más transparente el funcionamiento de los partidos.

La alternancia en el poder, que es el principio que se materializará con la llegada a La Moneda de una coalición distinta a la que gobernó hasta hoy, es vista por la mayoría del país como algo natural, que no tiene por qué representar ni drama, ni trauma. Nadie es dueño del poder.

Dicho esto, quiero manifestar mis deseos de éxito al gobierno del Presidente Piñera. Espero que él gobierne con espíritu de diálogo y sentido nacional, y que de ese modo se genere un clima constructivo en los próximos años.

La DC estará en la oposición, y yo espero que asuma una actitud de cooperación en todas aquellas iniciativas que contribuyan al progreso nacional y al mejoramiento de las condiciones de vida de la población, en primer lugar de los sectores más vulnerables. Eso exige sumar las capacidades del sector privado y del Estado para alentar el crecimiento y la creación de más y mejores empleos. Si la economía gana dinamismo, será posible atender mejor las necesidades que existen en la salud, la infancia, la previsión, la educación, la seguridad ciudadana.

Hay quienes piensan -entre ellos algunos que mañana serán gobierno- que estar en la oposición implica tratar de que el gobierno en funciones tenga problemas y que en lo posible fracase. Esa es una manera de dañar el bien común. Por supuesto que la oposición debe actuar como un contrapeso político a quienes gobiernen, y tiene el deber de fiscalizar sus actos y criticar sus errores, pero ello debe hacerse desde la perspectiva de fortalecer las instituciones democráticas y velar por el interés común.

Hace ya muchos años, el Presidente Frei Montalva se vio enfrentado a dos oposiciones, una de derecha y otra de izquierda, las que se unieron en su contra en diversos momentos, por ejemplo para sumar sus votos en el Senado con el fin de impedirle que viajara a EE.UU. en representación de Chile. Era la aplicación del principio de "negarle la sal y el agua" al gobierno, que en los hechos subordinaba todo a las posibles ganancias partidistas. Conductas como la recordada deben desterrarse.

Espero que el nuevo gobierno no se deje llevar por el sectarismo. Que ponga todo de su parte para que se fortalezca la cultura de la libertad, la división de poderes y la probidad de los funcionarios públicos. En fin, que contribuya al progreso de Chile y al mejoramiento de nuestra convivencia. La primera experiencia del Presidente que asume, no siempre fue acompañada de esa visión grande. A veces primó la conducción de jefe de coalición más que la de gobernante. Pueda ser que la experiencia acumulada la forma y modo en que triunfó, permitan la no repetición de errores de la primera versión.

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