Lecciones de la crisis institucional en Perú

La descomposición del sistema de partidos y el descrédito de la actividad política explican el complejo momento que atraviesa ese país, una experiencia que debería ser mirada con atención desde Chile.



Cuatro presidentes en cinco años y tres en un solo periodo presidencial dan cuenta de la severa crisis institucional que atraviesa Perú. El último hito de este proceso se concretó el lunes pasado cuando el Congreso aprobó sorpresivamente y por una amplia mayoría la vacancia por “incapacidad moral” del Presidente Martín Vizcarra. El ahora exmandatario es acusado de recibir sobornos por 630 mil dólares mientras era gobernador del departamento de Moquegua en la asignación de un proyecto de riego y la construcción de un hospital. La investigación está en manos de la Fiscalía, pero hasta ahora no hay una imputación concreta contra Vizcarra sobre las citadas acusaciones. Sin embargo, ello no fue impedimento para que la mayoría de los 130 congresistas aprobaran su destitución, la que se hizo efectiva el mismo lunes. El cargo fue asumido por el presidente del Congreso, Manuel Merino.

La remoción de Martín Vizcarra va mucho más allá, sin embargo, de las acusaciones puntuales de sobornos en su contra. Detrás del hecho se encuentra el abierto conflicto que se arrastra en Perú entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. El choque entre el exmandatario y el Congreso motivó que Vizcarra disolviera el anterior Legislativo y convocara a unas elecciones extraordinarias en enero de este año con el fin de renovar la composición de ese órgano, cuya desaprobación superaba el 80%. Pero si bien en el nuevo Congreso el peso del fujimorismo -con el que Vizcarra había mantenido diversos enfrentamientos- se redujo de 73 a solo 15 escaños, ello no mejoró la relación entre ambos poderes. Según algunos, el hecho de que los nuevos congresistas apenas puedan ocupar el cargo por lo que queda del periodo anterior -es decir, hasta julio de 2021- y estuvieran impedidos de ser reelegidos, terminó condicionando su actuación.

Vizcarra es el quinto expresidente peruano que enfrenta acusaciones de corrupción, un hecho que de por sí resulta preocupante. Pero la crisis político institucional de ese país es mucho más profunda y responde a la severa descomposición del sistema de partidos políticos que arrastra por más de veinte años. La incapacidad de articular colectividades sólidas y el fomento de caudillismos locales como consecuencia de una cuestionada reforma para elegir gobernadores regionales terminó favoreciendo la fragmentación de las agrupaciones políticas, la creación de partidos personalistas y el oportunismo de muchos de sus dirigentes. A ello se suma, además, un sistema de gobierno que si bien en su origen buscó equilibrar el peso del Congreso y el Ejecutivo, en la práctica terminó favoreciendo un conflicto permanente entre ambos poderes, que se vio agravado en los últimos años por el hecho de que Vizcarra fuera el primer Presidente que gobernó sin una bancada parlamentaria en 40 años.

Lo ocurrido puede dejar también interesantes lecciones para la institucionalidad de Chile. En momentos en que se comienza a discutir una nueva Constitución, las crecientes señales de descrédito de la política y la atomización del sistema de partidos deberían ser motivo de atención, pues prueba que cuando ello ocurre hay más riesgos de inestabilidad y hace mucho más complejo que se puedan lograr equilibrios razonables entre el Ejecutivo y el Congreso.

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