Leonor Oyarzún



SEÑOR DIRECTOR

Entre las fotos que conservamos con mayor cariño hay una donde se ve junto a don Patricio Aylwin mientras sube el cerro San Cristóbal el día siguiente de la elección presidencial de 1989. Los acompañan sus nietos y mis propios hijos. De manera muy sencilla, esa imagen da cuenta de su sentido de familia y de la amistad que nos regalaron.

Tuvimos el privilegio de estar cerca de ella por muchas décadas. Siempre nos llamó la atención su lucidez y valentía, pero también su sencillez y sobriedad. En ella hasta los silencios eran relevantes. También impresionaba su constante preocupación por la familia. Sus hijos, nietos y bisnietos la adoraban, y con razón: su presencia constituía un ejemplo constante para todos precisamente porque no pretendía presentarse como ejemplo de nada.

Digna esposa del Presidente Aylwin, nunca quiso que la llamaran primera dama. Ella se sentía una chilena más. Pero no cabe duda de que le entregó un sello muy especial a ese cargo. Se preocupó de profesionalizarlo y para eso organizó equipos con personas muy calificadas que impulsaron múltiples iniciativas a favor de la familia, los niños y la mujer.

Se nos fue la Sra. Leonor, pero ni la enfermedad ni los años pueden dar muerte a la enseñanza que nos deja una larga vida donde todos sus actos fueron coherentes con sus principios.

Soledad Alvear

Gutenberg Martínez

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