Ley de Presupuesto 2022: certera y responsable



Por Rodrigo Montero, decano de la Facultad de Administración y Negocios, Universidad Autónoma

Una de las tareas más complejas que lidera el Ministerio de Hacienda a través de la Dirección de Presupuestos (Dipres) año a año es sin duda la elaboración y tramitación de la Ley de Presupuesto. Este lunes se aprobó la que regirá para 2022, y al respecto hay muchos elementos que destacar. En primer lugar, se consigna que el presupuesto, si bien disminuye un 22,5% respecto de lo que se espera ejecutar a diciembre de este año, aumenta en 3,7% respecto de la ley aprobada para 2021. Así, el presupuesto de la nación para el próximo año asciende a US$ 82.135 millones, lo que permitirá reducir el déficit fiscal estructural a 3,9% del PIB el próximo año. Este elemento es vital, ya que retomar una senda de convergencia de las finanzas públicas permite darle más espacio al sector privado, a través de menores tasas de interés (y, dicho sea de paso, le quita presión a la inflación), pero también permite que los mercados internacionales nos miren con más confianza respecto de que seguimos siendo un país serio, y que fue capaz de enfrentar una pandemia a través de un impulso fiscal extraordinario y transitorio.

Al hacer un zoom a la ley, es posible que constatar que este presupuesto tiene dos ideas matrices: por un lado, permitir el financiamiento de medidas especiales en virtud de cómo evolucione la pandemia y, por otro lado, priorizar la generación de empleos y sostener un suave aterrizaje de la economía nacional. Estas son dos muy buenas noticias, puesto que las proyecciones de crecimiento del PIB son significativamente más modestas que las cifras que alcanzaremos este año; si todo sale bien, y si somos capaces de generar las condiciones para un aterrizaje suave de la economía nacional, el próximo año debiéramos crecer en torno a 2 - 2,5%, es decir, la proyección de crecimiento tendencial realizada por el Comité de Expertos convocado por la Dipres. Este presupuesto, al colocar recursos en el manejo de la pandemia y en el apoyo a la generación de empleo y al sector real, maximiza la probabilidad de que el aterrizaje mencionado termine siendo suave. Esto último no está garantizado, pero este presupuesto apunta hacia esa dirección.

Dos elementos finales a destacar: en primer lugar, este presupuesto está en línea con las recomendaciones que el Consejo Fiscal Autónomo entregó en su más reciente presentación al Congreso, quien prendió las luces de alerta respecto de la trayectoria futura para la deuda del país. En efecto, sin una normalización de las finanzas públicas había un peligro real de que la deuda -medida como porcentaje del PIB- alcanzara en el mediano plazo un 100%. Ese riesgo se mitiga fuertemente con el actual presupuesto. Por otro lado, y pensando ya en lo que se viene con la futura administración, es una muy buena señal que se hayan incrementado los recursos de la denominada “Glosa Republicana”, que pasa de US$ 720 millones -en el proyecto original- a US$ 800 millones. Estos recursos aumentan el espacio para que las futuras autoridades del país ejecuten su plan de gobierno, lo cual es una señal de que estamos en un país serio, y que se honra la reputación republicana de la que goza.

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