Eso que llaman la chilenidad



SEÑOR DIRECTOR

En los años que oficié de agregado cultural en Madrid organizábamos Fiestas Patrias con el mismo menú para invitados extranjeros o la comunidad residente: asado, empanadas, vino tinto, pisco sour y torta de lúcuma si la cosa se ponía más fina, alguien bailaba una cueca y había banderitas recortadas. Era una puesta en escena del valle central, del recuerdo de alguien que quería vestir la Patria con bandera flameante y todo. Sin embargo, lo que realmente extrañábamos eran las galletas Tritón, las "negritas", el ají chileno, la leche condensada y por encima de todo, los lomitos mayo de la Fuente Alemana. Todo el resto se podía conseguir. Chile eran sabores y olores que permitían no sentir la distancia del exilio.

La chilenidad de fonda, la dieciochera, es un estado de excepción, un constructo estético, de anticuchos, zapateo, chicha en cacho y un menú gloriosamente indigesto que nos permite sentirnos una vez al año transversalmente unidos, de un mismo pueblo y una misma clase, con un mismo relato donde no naufraguen las heridas de la memoria. Nos junta en una bacanal que incluye a toda la familia "chilena" y donde beber en exceso no tiene tarjeta roja para los hombres, el lado sexista de la fiesta. Todo es gozosamente falso, es una máscara y, al mismo tiempo, una prueba de rotunda identidad. Lo más auténtico del mundo, como en la paradoja del comediante. Se suspende todo, se viaja lo más lejos posible, se echa la casa por la ventana, se altera cualquier cotidianidad. Es lo más cercano que tenemos a un carnaval. Son restos de fiestas de la trilla, sonoridad chilota que se ha ido agregando, cueca brava que se fusionó con cierto rock nacional y jazz prostibulario, lo urbano y lo campesino.

En mis tiempos de niño se ponía bandera, se pintaba la casa y se compraba una pinta nueva. Chile no era tan industrial y el "18" conmemoraba para todos una independencia que consolidaba una nación, la chilenidad, ese sello que nunca más, con excepción de los festejos de las embajadas, necesita repetir el menú para saber quién es. Eso que tanto nos cuesta definir. ¿Qué es ser chileno?

Marco Antonio de la Parra

Director Artístico Universidad Finis Terrae

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