Alberto Rojas

Alberto Rojas

director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Universidad Finis Terrae.

Opinión

Lo que dejó en limpio la cumbre Kim-Trump

Donald Trump muestra el acuerdo firmado junto a Kim Jong Un. Foto: AP

Es un hecho que el esperado —y casi cancelado— encuentro entre Donald Trump y Kim Jong-un en Singapur, ya tiene ganado su lugar en la historia. Después de todo, Trump se convirtió en el primer mandatario estadounidense en funciones en reunirse con un gobernante norcoreano (algo que ninguno de sus predecesores logró antes) y Kim pudo sentarse a conversar, cara a cara y en “igualdad de condiciones”, con el líder del país más poderoso del planeta.

La foto protocolar de ellos estrechando las manos, sin duda, será algo que ambos podrán capitalizar durante mucho tiempo, sobre todo en el ámbito de la política interna. Y a nivel global, existe unanimidad en que fue un triunfo de la diplomacia, por encima de las bravatas.

La pregunta de fondo, ahora, es qué viene a futuro. Sobre todo, a partir del documento de cuatro puntos que Kim y Trump firmaron ante las cámaras.

En primer lugar, quedó de manifiesto la voluntad de Washington y Pyongyang de buscar una paz concreta en la península coreana. En otras palabras, abrir la puerta a un proceso de negociaciones que avance en la consolidación de un tratado de paz que, técnicamente, ponga fin a la Guerra de Corea (1950-1953), la cual terminó solo en un armisticio.

Un tratado de paz cerraría la herida abierta por casi 70 años entre ambas Coreas, reduciendo la tensión entre ambos países —y también con Estados Unidos—, mejorando significativamente la imagen de Norcorea ante la comunidad internacional.

Cómo se negociará el contenido de ese tratado de paz y cuánto tiempo tomará, aún resulta difícil de precisar. Pero lo que sí está claro es que uno de los beneficios, además de la paz, debería ser una mayor cooperación e integración entre Pyongyang y Seúl, sobre todo en lo económico.

El otro punto importante es el compromiso de avanzar hacia la desnuclearización de la península. Un tema en el que Trump y Kim todavía pueden mantener visiones diferentes o incluso opuestas, pero que con la firma de este documento, dejó por escrito la voluntad y urgencia de trabajar en función de este objetivo.

La idea de una desnuclearización completa, verificable e irreversible ya no es una condición para sentarse a negociar, sino un objetivo que podría tomar entre 10 a 15 años. Sobre todo, porque este es un proceso que contempla varias etapas, que seguramente contará con el trabajo de los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), dependiente de Naciones Unidas y, claro, de la transparencia de Norcorea.

Previo a la cumbre, como una muestra de “buena voluntad”, Kim anunció la suspensión de nuevos ensayos nucleares y de pruebas con misiles balísticos. Pero nada se ha dicho aún del desmantelamiento del programa de armas nucleares y, sobre todo, del destino de las ojivas nucleares que ya existen, y cuyo número podría ser de entre 20 y 60.

Eso lleva a otro aspecto clave para Kim: que el gobierno estadounidense y el propio Trump le hayan dado las garantías suficientes de que el régimen que él encabeza no corre peligro; solo eso podría abrir la puerta a negociaciones que efectivamente conviertan en historia el arsenal nuclear norcoreano.

Sin embargo, esto deja en una zona gris uno de los temas más delicados para el régimen de Kim, que es la situación de los derechos humanos en su país. Durante décadas se ha denunciado la existencia de campos de prisioneros, torturas y la falta absoluta de libertad de expresión en Norcorea, entre muchos otros aspectos. De modo que garantizar la permanencia de los Kim en el poder, implicaría que Washington ha decidido “mirar para el lado” en este tema, en un inesperado y frío acto de pragmatismo. Uno que, obviamente, no sería el primer caso en la historia de las relaciones internacionales.

Por su parte, China parece haber sido el gran ausente de este episodio. Pero, a su modo, China sí estuvo en Singapur, en la medida que jugó un rol clave para lograr sentar a la mesa de negociaciones tanto a Washington como a Pyongyang. Y está claro que Beijing seguirá jugando un rol clave en todo lo que venga a futuro, no solo como vecino y aliado histórico de Norcorea, sino como la potencia asiática y mundial que es y seguirá siendo durante este siglo.

De esta manera, lo ocurrido en Singapur es el primer paso de una futura cadena de acontecimientos que tendrán impacto no solo en la península coreana, sino también en la política exterior estadounidense de Trump y sus sucesores, así como en la estabilidad del sistema político internacional.

 

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