Lo que les tocó

Foto: Agencia Uno.




Desde el plebiscito, es reiterativo escuchar que “comienza otro tiempo histórico”, “el futuro se presenta lleno de esperanzas”, y otros, “el futuro se presenta incierto, mediocre y amenazante”. Si de todo eso se escucha, razones y emociones tendrá cada uno para sostenerlo.

Yo en cambio, juzgo desde la irresponsabilidad. Nada depende de mí, y se sabrá la verdad en años más, cuando es posible que ya no exista. Pero eso no me quita ganas de arengarlos, de movilizarlos.

Cada generación se prueba a sí misma en el tiempo que le tocó. No tiene otro. A la mía le tocó otro mundo convulso: Vietnam, Concilio Vaticano, el Che, Allende y la UP, golpe de estado, muerte, tortura, exilio, caída del Muro de Berlín…y aprender a volver a triunfar y a construir, esta vez sí, un Chile mejor para sus mayorías. A ustedes, les tocó éste.

La vida es solo sucesivas oportunidades de ser o no ser. Esta etapa que se abre está llena de ellas, antes impensables. Asombra, por ejemplo, el contraste entre una opción ciudadana tan contundente y la incapacidad de la política para aportarle cauce, respuesta a sus urgencias y concordia. No es raro que los políticos fueron todos descalificados por el plebiscito. Se han caracterizado por una guerra de trincheras donde nadie avanza pero mucho se destruye; por frivolidad económica que no pagan, pero Chile sí; por faranduleos gratificados con tuits de unos pocos fans idiotizados, que irritan y dañan masivamente; por claudicaciones ante la violencia y codicia para apropiarse de movilizaciones y votaciones que los repudian. Viven en colisión con la realidad en busca del aplauso que no llega. Pero son crisis de esta magnitud, las que posibilitan reaccionar y restituir una gobernabilidad decente. Regenerar la política es oportunidad y desafío imperioso de este tiempo.

También es hora de cambio profundo para otros imprescindibles, los empresarios. La sociedad, objeto del deseo de Estado y mercado, emergió como poder alternativo a ambos. Ni uno ni otro podrá ser abolido, pero la sociedad demanda un Estado y un mercado que sean de ella. Reclama una “empresa política”, también corresponsable de la “polis”. Preocupada en serio de sus trabajadores, de servir a los consumidores que la justifican, de las comunidades de las que debe ser parte y no mera adherencia extraña, de desafíos de la humanidad como la protección del medio ambiente y el calentamiento global. La exigencia que se les hace, como a la política, es fundirse con su sociedad, dotarla de nuevas y mejores actividades, de audacias emprendedoras basadas en creatividad y conocimiento; que generen empleos sólidos y, muy importante, dignidades, limpieza y prosperidades para todos. Necesitamos un nuevo ser y hacer empresa.

¿Lo lograrán esos dos imprescindibles? No lo puedo asegurar, ni es mi tarea. Pero es lo que les tocó y en lo que probarán mañana, si fracasaron o triunfaron.

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