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Opinión

Los derechos humanos de los “malos”


SEÑOR DIRECTOR
Hace algunos días se produjo un crimen horrible y dos personas fueron detenidas como presuntos autores del mismo. Se trataba de dos ecuatorianos. Un par de días después, y con ellos ya en prisión preventiva, se viralizó un video que captaba el momento en que sus compañeros de encierro los torturaban, dándoles golpes y aplicándoles electricidad. Pensé que era obvio que reaccionaríamos con indignación ante la evidencia de abusos horribles y malos tratos, ya que una condena o la prisión preventiva suponen perder el derecho a la libertad, lo que no es poco.
Sin embargo, para mi estupor, un número importante de personas reaccionó aprobando estos abusos, alentándolos e incluso festejándolos. Personas comunes y corrientes y personajes con ascendiente sobre grupos sociales amplios, como comunicadores de medios o deportistas destacados, llenaron las redes sociales de comentarios sobre la justicia que aquello suponía, sobre los merecimientos de los apresados para ser maltratados. Incluso se realizaron encuestas por televisión preguntando si “los reos deben tener derechos” o si se trataba de un “castigo merecido o torturas sin justificación”, como si respetar los derechos humanos de todas las personas fuera una materia encuestable o debatible. O como si en el esfuerzo más sencillo de empatía, viéndonos reflejados en las víctimas, entendiéramos que los derechos humanos son para los buenos y no alcanzaran a los malos, mucho menos si son extranjeros. Claro, todos somos buenos, solo los delincuentes son malos y por lo tanto no merecen ser considerados como personas, sino como la basura que son. Y así, ni siquiera la cárcel es castigo suficiente, por lo que hay que agregarle ignominia y dolor al criminal.
Desmoraliza constatar que existe una sociedad que no solo tolera horrores como las torturas sino que las justifica y olvida que el castigo se entiende solo en la medida que permita la reinserción de los castigados.

Paula Vial
Abogada UC

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