Los desafíos del Ministerio de Educación

Marcela Cubillos y Raúl Figueroa



Sorpresivamente, la ministra de Educación, Marcela Cubillos, presentó ayer su renuncia, asumiendo en su reemplazo el actual subsecretario. Conforme ha trascendido, las razones de la dimisión se deberían a las intenciones de la exministra de asumir un rol en la campaña del “rechazo”, de cara al plebiscito del 26 de abril.

La gestión de Cubillos no fue sencilla. A ella le tocó reemplazar tempranamente al exministro Gerardo Varela -quien duró apenas cinco meses en el cargo-, y debió enfrentar una oposición completamente renuente a introducir reformas en el ámbito de la educación. El desgaste político que tuvo su gestión -terminó siendo una de las integrantes del gabinete con menor aprobación ciudadana- a la par se anota importantes logros, como haber conseguido la aprobación del proyecto “Aula Segura” -a fin de entregar más herramientas a los directores para sancionar a alumnos que incurran en conductas violentas- y dar una tenaz batalla por tratar de introducir variables de mérito en el actual proceso de admisión escolar. Aun cuando no tuvo éxito en ello -producto del rechazo en bloque por parte de la oposición-, será uno de los sellos de su gestión.

Las nuevas autoridades en Educación tendrán ahora la misión de retomar el debate sobre el mérito -pues así está comprometido en el programa de gobierno-, así como enfrentar el complejo desafío que representa la extensión de la gratuidad, en un escenario de estrechez fiscal cada vez mayor. Lo que resta de este período debería ser también una oportunidad para volver a relevar la importancia de que la prioridad del gasto público esté puesta en la infancia, y no en la educación terciaria.

A raíz de este episodio se confirma una vez más las dificultades que tradicionalmente enfrenta la cartera de Educación para consolidar proyectos de largo plazo. Desde el retorno a la democracia se cuenta una veintena de ministros, lo que da cuenta de que es la cartera probablemente más expuesta a los vaivenes políticos -dos ministros de Educación han sido destituidos producto de acusaciones constitucionales-, lo que no constituye una buena señal.


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