Los despreciados



Por Max Colodro, filósofo y analista político

En ese sector de la izquierda ahora hegemónica muchos los consideran cómplices y no pocos, traidores; porque en su momento estuvieron dispuestos a jugar con las reglas de la dictadura, a negociar con ella las primeras reformas a su Constitución, a una transición pactada con sus seguidores y a administrar durante veinte años su modelo económico. Autores intelectuales de “la democracia de los acuerdos”, dóciles exponentes del duopolio, serviles frente a los empresarios, autocomplacientes con su lugar en la historia.

Son los rostros y líderes de la ex Concertación, representantes de una centroizquierda hoy avergonzada, que convenció al país que su trayectoria de dos décadas en el poder fue una trampa, un engaño y una pérdida de tiempo. En 2010, ya fuera del gobierno, se subieron a una retroexcavadora e iniciaron la demolición. No tuvieron problema en acompañar al movimiento estudiantil en sus críticas a un sistema educacional que ellos mismos habían diseñado -con copago y CAE incluido. Después se sumaron entusiastas a la Nueva Mayoría, ya que la popularidad de Michelle Bachelet aseguraba una vía expedita de retorno al poder. Un presidente de partido reconoció que ni siquiera tuvo interés en leer el programa.

Ahora se plegaron al espíritu del estallido social, un proceso que se encarnó en la consigna “no son treinta pesos, son treinta años”, de los cuales ellos gobernaron 24. Han relativizado y guardado silencio frente a la violencia. Apoyaron una acusación constitucional para destituir a un Presidente democráticamente electo. No han tenido problema en desconocer la Constitución cuando se trata de aprobar leyes que tienen respaldo popular. Y sin arrugarse algunos defienden un parlamentarismo de facto.

Pero su drama es que todo lo que han hecho, defendido y justificado en este tiempo no les ha servido de nada. En las encuestas tienen los más altos niveles de rechazo y no poseen un solo liderazgo competitivo para las próximas presidenciales. Saben que sin pactos electorales no llegarán a ninguna parte y, por tanto, solo les queda seguir en lo mismo: mostrarse dóciles y sumisos frente al PC y el Frente Amplio, no moverse en la foto y tratar de que su pasado concertacionista no sea recordado. Su desgracia es que hoy el candidato mejor posicionado en la centroizquierda es precisamente del PC, un alcalde que les recuerda todos los días lo que fueron, qué apoyaron y de qué renegaron cuando ya habían perdido el gobierno.

No tienen alternativa: deberán morderse la lengua una y mil veces, porque si hay algo que no van a borrar es el desprecio que el PC y el FA sienten por ellos. Ellos, los de la transición negociada y el duopolio. Van a tener que ir en silencio a mendigar pactos electorales y derecho de admisión a una primaria que seguramente tienen perdida. Y llegar después a un acuerdo de segunda vuelta, en el que sus votos servirán para terminar de sepultar el país que estuvieron construyendo durante veinte años.

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