Sergio Muñoz Riveros

Sergio Muñoz Riveros

Analista político

Opinión

Los empresarios y el desarrollo social

El ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno. Foto: Mario Téllez / La Tercera

La agenda “Compromiso País” es la iniciativa más ambiciosa formulada por el gobierno, y sus resultados marcarán la evaluación final de su gestión. El punto de partida es el “Mapa de la Vulnerabilidad” elaborado por el Ministerio de Desarrollo Social, que identificó 16 grupos prioritarios dentro de la pobreza multidimensional. Es el caso de las personas que carecen de servicios sanitarios; que viven en campamentos o hacinados; que sobreviven en la calle; que permanecen en recintos penitenciarios sin rehabilitación ni capacitación; que son mayores de 18 años y no han terminado el colegio; etc.

Para enfrentar esta realidad, el gobierno convocó a rectores universitarios, representantes del empresariado, académicos, dirigentes de organizaciones sociales, líderes de fundaciones y ministros, con vistas a definir una estrategia de inclusión social sostenida por una alianza público-privada.
Carlos Peña calificó el proyecto como “liberal comunismo”, una expresión que atribuyó al filósofo esloveno Slavoj Zizek. Suena extraña tal calificación. Dijo, también, que la iniciativa era una manifestación de la lógica del “buenismo” que representa el ministro Alfredo Moreno. Lo concreto es que hay agudas necesidades sociales que el Estado atiende mal o simplemente desatiende, y que es indispensable abrir un cauce de cooperación para que el sector privado aporte recursos y capacidad de gestión con vista a reducir la vulnerabilidad. Corresponde juzgar los actos por encima de los prejuicios.
Son antiguos los recelos hacia los empresarios, reforzados por los abusos de algunos, pero da la impresión de que la propuesta de hoy entusiasma a varios de los más importantes. Cualesquiera que sean sus motivaciones -caridad, espíritu filantrópico, cultivo de imagen, acercamiento a la solidaridad, etc.-, lo que importa es que su participación contribuya a mejorar la situación de cientos de miles de compatriotas que están al margen del progreso.

Algunos opositores no saben cómo reaccionar ante el reto político y cultural de un gobierno de derecha que “no se comporta como debería”, y que en este caso asigna a los empresarios un rol desconcertante desde el punto de vista del libreto de la lucha de clases. Es evidente que la estantería se tambalea. Esperemos que en la oposición no primen las consignas arcaicas. Quienes asuman una disposición constructiva, serán reconocidos por los ciudadanos.

El gobierno ha hecho una apuesta audaz, y deberá demostrar que avanza en la buena dirección. Se requiere establecer mecanismos que institucionalicen el aporte privado a los programas de integración social, y esa será una tarea de largo aliento. Será mejor si La Moneda no intenta obtener réditos menguados de una iniciativa que, para tener éxito, necesita trascender el partidismo. Habrá que evaluar los frutos.

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