Los peldaños de la violencia

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Ahora que nos amenazan con nueva violencia en marzo, que las justas movilizaciones sociales se transformaron en eficiente escudo humano para los violentos y el discurso de odio a los "pacos" es calcado de discursos narco de otras latitudes, quiero hacer una advertencia aprendida con dolor. La violencia es, desde el siglo XIX, gran partera de derrotas populares; no de la historia. Ha sido la mentira más estruendosa y derrotada. Además artera, ilusiona a sus promotores: ¡Estamos a punto de ganar! ¡La oportunidad es ahora! No es verdad.

Los pueblos demoran en entender que el camino de la violencia solo favorece a los bien armados. Pero finalmente lo entienden. Así ocurrió en el Chile de la dictadura, a pesar de los violentos de lado y lado que se retroalimentaban mutuamente. Asimismo, los estados son pacientes, especialmente los democráticos. Conocen demasiado bien su fuerza como para precipitarse por la toma de una plaza o un saqueo. Los violentos viven el espejismo de ver oasis donde no lo hay, y eufóricos, deciden escalar más allá. No pueden evitar la tentación de provocar a los pueblos y sus democracias. Van así acercándose a su derrota, cansando a los pueblos secuestrados por su violencia y provocando a la violencia dormida de los estados.

¿Creen que se les escapa a esos porteños de derechos violados y bienes saqueados que ni una raya mancha el monumento a Arturo Prat de la Plaza Sotomayor? ¿Cuántas familias se han preguntado por qué la PSU no se realiza en recintos militares? ¿Cómo verán los votantes del plebiscito que la ley entregue la custodia de los recintos a las FF.AA.? Lentamente, van haciendo despertar.

La ensoñación en el Che encendió violencia revolucionaria en toda América Latina. Fue liquidada casi sin excepción. Selvas, ciudades, cárceles y centros de tortura se saciaron de vidas jóvenes. En dos casos la violencia triunfó, Cuba y Nicaragua. Una, ya cumplió 60 años congelada en el pasado, con la pobreza y el exilio como sello. La otra es un país de miseria, con un comandante sandinista transformado en dictador bananero, acusado de sistemáticas violaciones a los derechos humanos. Los violentos nunca construyen sociedades justas e igualitarias. Su abuso actual, la miseria que siembran, anticipa el abuso totalitario y la miseria a que la sociedad completa será sometida si triunfan. El alivio es que rara vez lo logran.

Chile necesita una nueva Constitución; no por el pasado de la actual, sino por el presente de sus instituciones. La rebelión ciudadana contra la violencia es imponer movilización social pacífica y asegurar el proceso constituyente. La violencia agrede a ambos y justifica el voto de rechazo. Esparce el temor al matonaje. La confrontación política de ahora no es entre derechas e izquierdas, oposiciones y gobiernos. Es entre democracia y violencia, más aún, es entre sociedad y violencia.

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