Los profundos cambios que podría experimentar el mapa político



Las elecciones del próximo fin de semana adquieren una dimensión particularmente trascendente, no solo porque están en juego los cargos para constituyentes, alcaldes, concejales y gobernadores regionales -desde luego será crucial determinar la composición de fuerzas encargadas de redactar la nueva Constitución-, sino porque a partir de los resultados existe la posibilidad de que el mapa político experimente cambios muy profundos, cuyos alcances previsiblemente se prolongarán en el tiempo.

Desde el estallido social en octubre de 2019, y luego con la pandemia de coronavirus, el escenario ha ido cambiando en forma dramática, y hasta cierto punto inédita: el apoyo al Ejecutivo se ha desfondado peligrosamente; a ello se suma una centroizquierda fragmentada y sin capacidad de colocar alternativas presidenciales competitivas; un Frente Amplio sin rumbo y un Partido Comunista más fortalecido. Ello ocurre en el contexto de una eclosión de populismo y el surgimiento de figuras mesiánicas, todo lo cual hace que los resultados esta vez se sigan con especial atención, por el rumbo que los propios votantes impondrán al devenir político.

Para el caso de Chile Vamos, va a resultar crítico que a lo menos logre un tercio en la Convención Constitucional, y que en alcaldes y concejales un posible retroceso -como vaticinan algunos estudios electorales- no implique dejar de controlar grandes territorios electorales, como sucede hoy. Si Chile Vamos logra un resultado global relativamente aceptable, ello le daría nuevo impulso a la coalición de cara a noviembre. Será también la oportunidad para medir fuerzas entre las distintas corrientes que cruzan a la derecha política, tensionada entre corrientes liberales, la “derecha social” -aquí se verá cuán fortalecida o no emergerá su principal figura, Mario Desbordes- y los sectores más “duros”, reunidos en torno a José Antonio Kast. Precipitará también decisiones electorales, en particular en la UDI, que según los resultados que obtenga deberá optar por llevar a sus dos principales figuras a las primarias -Joaquín Lavín y Evelyn Matthei-, u optar por una de ellas, lo que será foco de tensión.

Si el electorado castiga a la coalición, no solo es evidente que las posibilidades de retener la presidencia se alejan, y dependiendo de la magnitud de una derrota, también existe el riesgo de que pueda ser arrasada en los comicios parlamentarios, abriendo un escenario de incertidumbre sobre los futuros equilibrios en el Congreso.

Para el caso del Ejecutivo, es poco lo que tiene que ganar aquí. Si los resultados decepcionan, es probable que Chile Vamos le atribuya la responsabilidad por su déficit en el manejo de la crisis sanitaria, y se profundice aún más la desafección con la coalición. Si en cambio los números para el oficialismo no son adversos, los partidos lo explicarán gracias a que lograron separar a tiempo aguas del gobierno. Es evidente que si Chile Vamos obtiene números favorables, algo de oxígeno le brindará al gobierno en su rol como interlocutor, pero eso no será gracias a su gestión.

En el caso de la izquierda política, los resultados del próximo domingo permitirán también calibrar fuerzas entre las distintas corrientes que cruzan este arco político. Para el país desde luego será fundamental comprobar si son el Partido Comunista y las fuerzas extremas las que van ganando protagonismo, o si la centroizquierda, pese a sus múltiples dificultades, conserva aún suficiente poder. No es indiferente si una u otra prevalece, pues los grupos más extremos se han restado del diálogo y acuerdos, logrando imponer hasta ahora el tono de la discusión política. Si la centroizquierda termina disminuida, hay menos chances de abandonar el polarizado clima que hoy impera.

A partir del domingo también se desencadenarán frenéticos acontecimientos que habrán de zanjarse en horas, pues a escasos días vence el plazo para inscribir las candidaturas presidenciales que participarán en las primarias legales. Unidad Constituyente -que reúne a la DC, el PS, PR y el PPD- no ha logrado instalar una figura presidencial competitiva, pese a que los cuatro partidos tienen ya a sus respectivos candidatos. Será desde luego un momento para comprobar si la tesis que promueven sectores del PDD y otros para excluir a la DC de una primaria unitaria -tal de formar un gran frente progresista- adquiere fuerza o no. Clave será entonces el resultado que obtenga la falange, pues de ello dependerá si cae en la irrelevancia o de si se posicionará como un actor de peso, tal que sea difícil excluirla de una futura alianza electoral.

Por cierto que si los resultados de Unidad Constituyente no son óptimos, en la misma medida las posibilidades de sus cartas presidenciales se diluyen aún más. Pero para el caso de la DC, ésta deberá en pocas horas zanjar si continúa a firme con su candidata oficial -la senadora Ximena Rincón- o si se ve en la necesidad de cambiar de estrategia y optar como carta de emergencia por Yasna Provoste, que en las últimas semanas ha adquirido notorio protagonismo. La línea que representa Provoste es mucho más afín al progresismo, por lo que está en entredicho hacia dónde terminará orientado el partido que fue eje de la ex Concertación.

La jornada que se avecina también dará luces de qué ocurre con el Frente Amplio (FA), otrora la gran promesa de renovación de la política, y que ahora ni siquiera ha sido capaz de levantar una candidatura presidencial a firme. El bloque ya se dividió cuando se optó por conformar una lista constituyente con el PC, y por ello ahora se observará con especial atención si definitivamente se inclina por conformar un pacto electoral -y eventualmente de gobierno- con el PC, o si continúan por aguas separadas.

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