Luces en Santiago



Por Ricardo Abuauad, decano Campus Creativo UNAB; profesor UC

Hay razones de sobra para estar preocupados por las sombras de nuestra capital: la vivienda, la movilidad, la gestión de nuestro casco histórico, la violencia en el espacio público, los barrios dominados por el narco, la contaminación.

Pero esta columna apunta hacia el lado opuesto, hacia las luces. Porque existe una fuerza creativa y una voluntad de empujar proyectos que es irreductible, y que no se deja amedrentar por nada de lo anterior. Proyectos públicos, pero también iniciativas que nacen de la sociedad civil o las universidades, y que tienen una cosa en común: piensan el futuro a partir de lo colectivo, del espacio que es de todos. Cuentan, la mayoría de estos proyectos, con la tenacidad y convicción de sus promotores, y esa -junto con el interés de lo que plantean, por supuesto- es una de sus grandes fortalezas.

A riesgo de dejar importantes propuestas fuera, hay tres de ellas -diferentes entre sí en escalas y alcances- que vale la pena destacar.

Hace pocos días, el proyecto “Calles compartidas” de Ciudad Emergente fue nominado entre los ganadores del premio Scroll of Honour de ONU-Hábitat 2021. Se trata de la transformación de ciertas calles de la ciudad en espacios de encuentro sustentables, en vías ciudadanas, al proponer un “cambio de paradigma en el uso de la calle, promoviendo espacios centrados en las personas y no tan solo en automóviles”. Ciudad Emergente se define como un “laboratorio de tácticas y herramientas para el urbanismo ciudadano”, y este proyecto en particular es exactamente eso.

Con la mirada en el territorio y en la puesta en valor del paisaje, la Fundación Cerros Isla ha llevado adelante un persistente proceso de instalación de un concepto, una imagen de ciudad y de su entorno. El objetivo es el de generar “un sistema integrado de infraestructuras verdes, en el que los 26 cerros isla de Santiago forman un archipiélago de parques naturales interconectados”. Vale la pena, para comprender el alcance de lo que sugieren, visitar la exposición “Archipiélago Invisible” en el Parque Metropolitano.

Probablemente la operación urbana más significativa que tiene hoy lugar en Santiago es la que dice relación con el río y sus bordes. Transformar ese espacio en encuentro ciudadano, en formas de desplazamiento sostenible, en un gran proyecto coherente que combine tramos nuevos con los parques ya existentes es una obra para la posteridad. El ciclopaseo propuesto por Mapocho 42k, la intervención del Mapocho Pedaleable, y la notable ambición y “justicia urbana” -en palabras del gobernador Orrego- de Mapocho Río (que ya es posible percibir), configuran un nuevo escenario para la ciudad, uno muy auspicioso.

Hay otros planes, varios de ellos notables. El panorama que sugieren da pie para creer que tenemos la fuerza y la determinación de transformar nuestra ciudad, de corregir nuestros problemas, y de arrojar una luz para el futuro de esas millones de personas cuyos proyectos vitales están íntimamente vinculados al destino de nuestra ciudad capital.

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