Mal diagnóstico, peor tratamiento



Por Eugenio Ortega, director ejecutivo Centro Democracia y Comunidad

Chile vive momentos críticos. La alta tasa de contagios, la débil trazabilidad, la ambigüedad en las restricciones y la errática gestión comunicacional del riesgo asociado a la pandemia nos tienen al borde del colapso hospitalario, en una pandemia que no da tregua.

Un destacado epidemiólogo de Harvard sintetizó bien el mal manejo del gobierno: “Chile cometió un error crítico; su gobierno alivió las restricciones a los viajes, los negocios y las escuelas demasiado pronto, creando una falsa sensación de confianza en que la pandemia había terminado”. La cita refleja la creciente sensación que existe en nuestro país respecto que el estado actual de la crisis se podría haber evitado.

Frente a esta realidad tan anómala no puede haber cavilaciones en cuanto a las prioridades. El foco debe ser salvar vidas. Por aquello, el rol del Estado debe ser aún mayor, particularmente en la ayuda social a las familias chilenas.

Sin embargo, cuando priman intereses económicos, por sobre criterios sanitarios y el funcionamiento adecuado de la democracia, tenemos un problema mayor. Junto con cuidar la salud y la vida de las personas, también debemos hacer un esfuerzo por cuidar nuestra democracia. Nuevamente aquí falló el gobierno. Cuidar la democracia significa que sus instituciones y particularmente el sistema de elecciones funcionen.

Del mismo modo que las atenciones y los funcionarios de la salud son fundamentales para una adecuada salud de las personas, también las instituciones, los procesos y la transparencia son vitales para un buen funcionamiento democrático. Tras la crisis política, social e institucional que explotó en 2019 con el estallido social, y que el gobierno de Piñera manejó de la peor manera, surgió una vía de solución mediante el triunfo del “Apruebo” de una nueva Constitución.

El proceso constituyente busca no seguir tratando síntomas, sino enfrentar las causas profundas de la crisis social, económica e institucional que Chile experimenta. Y, lo más importante, hacerlo a través de un proceso democrático con características únicas en el mundo: redactar una nueva Constitución a través de un mecanismo paritario y con participación de los partidos políticos, independientes y de nuestros pueblos originarios.

Cuando decimos que debemos cuidar la democracia significa también valorar la posibilidad de elegir y ser elegido. Recordemos que las elecciones son el momento en que el pueblo soberano expresa sus preferencias. Es por esta razón que se asigna tanta importancia a que las elecciones sean libres, transparentes, informadas, periódicas y que participe la mayor cantidad de ciudadanos.

La iniciativa de postergar las elecciones por parte del gobierno se percibe como una medida tardía y que se anunció de forma inconsulta. Es notorio que no hubo una actitud proactiva y previsora para lograr que nuestro país realizara las elecciones planificadas para el 10 y 11 de abril. Todos sabemos qué pasa cuando las elecciones pierden legitimidad o son cuestionadas. Por eso, no es bueno que se instale la impresión de que hay que optar entre la salud de las personas y las elecciones democráticas.

La oposición ha manifestado la voluntad para colaborar en la discusión legislativa para salvar la situación. Es de esperar que el gobierno ahora sí tome todas las medidas necesarias para recuperar el control de la pandemia y asegurar que el 15 y 16 de mayo los chilenos y chilenas puedan ejercer su derecho a voto y se puedan realizar las elecciones. Necesitamos cuidar la salud de todas y todos, pero también la salud de nuestra democracia.

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