Esteban Montoya

Esteban Montoya

Analista de Contenidos FPP.

Opinión

Más humanos que derechos


Clases de “Memoria y DD.HH.” obligatorias. Eso es lo que ha propuesto Carmen Hertz, quien contó con el apoyo de diputados de oposición y el auspicio de 50 académicos, quienes firmaron una carta respaldando la iniciativa. Una propuesta que, tal como está, esperemos que no vea la luz.

El objetivo de este proyecto es abordar los crímenes cometidos durante el régimen militar, como también “fomentar en los estudiantes el reconocimiento y redignificación de las víctimas” y, lo más importante, destacar que las violaciones a los derechos humanos no son justificables bajo ninguna circunstancia ni razón. ¿Cómo no considerar loable tal iniciativa? Lo que quiere rescatar este proyecto es enseñar la importancia de los derechos humanos sólo en la época de la dictadura militar ¿Es eso una promoción correcta de estos? Si se quiere empezar a hablar de respeto a las violaciones de estos derechos en Chile, entonces no nos saltemos hitos importantes de nuestra historia como las masacres del mitín de la carne, en la escuela Santa María de Iquique o la masacre de La Coruña.

Consideración aparte ¿no es la misma diputada, quién también promovió el proyecto de ley que castiga con penas privativas de libertad el negacionismo? ¿No es acaso la libertad de expresión también un DD.HH.? ¿No había que defender la injustificabilidad de las violaciones a los DD.HH? ¿O solamente debemos defender las violaciones de este tipo de derechos que ella estime pertinente?

No parece del todo claro que sea realmente el objetivo de esta iniciativa dar con el reconocimiento de los crímenes y de la “garantía de no repetición”. No cuando se hacen los desentendidos con lo que pasa en países vecinos, incluso negando crímenes de dictaduras como la venezolana o la nicaragüense. Lo anterior hace pensar que la justificación a obligar un ramo sobre derechos humanos no es puramente un voluntarismo civilizado, sino demostrarnos que es una defensa sesgada, antojadiza y parcializada. Lejos de educar por el respeto a los DD.HH., se enseña a materializar un sector político como un enemigo eterno, sin cuartel ni diálogo.

Esta iniciativa nunca podrá pontificar válidamente sobre el reconocimiento y validez de los DD.HH., mientras el senador Navarro, compañero de coalición de Hertz, asiste dichoso y orgulloso a la celebración del segundo mandato de Nicolás Maduro, elegido mediante un proceso electoral viciado y antidemocrático. No mientras la diputada Claudia Mix, del Frente Amplio, diga que en Venezuela no hay violaciones a los derechos humanos, cuando hay más de 300 casos documentados de torturas. No mientras haya un total entendimiento que los derechos humanos son inviolables, aquí y en donde sea, sea del color político que sea, esta iniciativa no puede ser creíble.

“No le preocupan los derechos humanos sino en función de qué ideología comete delitos de lesa humanidad”. Cómo no recordar esa frase, durante la interpelación de Albert Rivera, presidente de Ciudadanos a Pedro Sánchez sobre su indiferencia a la situación venezolana, pero rompía en furia atacando a Arabia Saudita por el asesinato de Jashogi y el respeto a los DD.HH.

Y eso es lo que indigna, la forma interpretativa del contenido, no el propósito del proyecto ni tampoco los hechos empíricos de esa época. Lo que indigna es también a apostar tiempo a esta iniciativa mientras hay temas sociales –como gustan en decir- que son aún más urgentes: reforma tributaria, reforma a Carabineros, reforma al Sename, e incluso, clases de educación cívica en los colegios. Indigna que quieran contar la historia de una manera tan sesgada condicionada por visión política. Indigna que pontifiquen sobre DD.HH. pero hacen vista gorda cuando sus socios en otros países arremeten contra sus ciudadanos. Pero nada de eso importa, el sesgo es más fuerte y la memoria más corta. Y, por cierto, más atrevida.

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