Mayor equilibrio entre líneas aéreas y pasajeros

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Cada año se rompen récords en materia de tráfico aéreo de pasajeros. A nivel mundial ya se transportan más de cuatro mil millones de personas, y para el caso de Chile -que este mismo fin de semana largo ha visto abarrotados los aeropuertos- se espera que en 2019 lo hagan unos 25 millones de pasajeros, algo sin precedentes y que revela las amplias facilidades de que hoy disponen los viajeros.

Pero junto con estos indudables beneficios, en el mundo de las líneas aéreas y agencias de viajes continúan existiendo prácticas que no benefician a los consumidores. Los sistemas que se utilizan para el cálculo de los pasajes aéreos recurren a complejos algoritmos, al punto que un mismo tramo y en la misma clase puede presentar valores diferentes para las personas, ya sea porque el sistema logra "evaluar" internamente el perfil del pasajero -cobrando eventualmente una mayor tarifa a un viajero frecuente, y algo menos a otro que sea ocasional-, o dependiendo de si el pasaje se compra en el país de origen o en el extranjero. Las fuertes diferencias de precios si el pasaje es solo de ida, o las múltiples variaciones de precios según la combinación de escalas, son también reflejo de esta complejidad.

En general, cuesta encontrar ejemplos de otros servicios que puedan discriminar tan abiertamente por precios, como ocurre en la industria aérea, lo que probablemente se explica porque no es un sistema suficientemente transparente para los pasajeros, y las normas que regulan la actividad tienden a ser más laxas en cuanto a proteger los derechos de los consumidores. Así, prácticas como abruptos cambios en los vuelos -donde si el pasajero no logra volar en la nueva fecha u horario existe un alto riesgo de que pierda el pasaje, señal de la insuficiente equidad entre pasajeros y líneas aéreas-, extensos tiempos de espera o la molestia que provoca la "sobreventa" -tolerada en la mayoría de las legislaciones-, bajo las actuales reglas no encuentran suficiente desincentivo y, por lo general, son difíciles de resarcir.

A la luz de estas consideraciones parece razonable que a través de la legislación se busque un mejor equilibrio entre los derechos de las líneas aéreas y los pasajeros. Mercados más transparentes, con mejor información y reglas más justas son garantía de más competencia y satisfacción del servicio.

Haciéndose eco de este desequilibrio, en el Congreso se tramitan diversos proyectos de ley relacionados con la industria. Varios apuntan a permitir que los pasajes puedan ser endosados por los pasajeros a terceros, algo que debe ser mirado con interés, porque de cara al consumidor aparece como una restricción injusta. El sector aéreo ha hecho ver que una medida así podría producir un mercado de reventa de pasajes aéreos, perjudicando a los usuarios con precios más altos; también se ha esgrimido la complejidad que supone endosar pasajes con conexiones internacionales. El argumento de la reventa no deja de resultar curioso, porque ¿a qué otra industria le representaría un problema que un cliente compre un abundante stock de sus productos y luego los revenda, si no es porque con ello pierde margen para discriminar por precios?

Al tener el pasajero un derecho de propiedad con la compra de su pasaje, parece razonable que se hagan esfuerzos legislativos para flexibilizar el endoso bajo ciertas condiciones. Otros proyectos de ley buscan agilizar el reintegro al pasajero de las tasas de embarque cuando este no hace uso del pasaje, así como reglar mejor las condiciones de una sobreventa, todas materias que no se ve razón para no avanzar en ellas.

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