Moleste no más


Solía ser febrero un mes más tranquilo en los avatares de la política, ese al menos es mi recuerdo. Tanto que era un clásico que a cargo de las vocerías quedan personas que habían hecho banca preferentemente. Una de las pocas cosas que van quedando vigentes de los mansos febreros de otrora, es el feriado parlamentario, ya ni siquiera acompañado por la feria judicial. Me da la impresión que a este receso legislativo le queda poco y no sería mala idea que surgiera de los propios parlamentarios una revisión a una costumbre que choca a la ciudadanía. Fui durante varios años tributario de aquel largo periodo de inactividad, y reconozco que hice poco por sustituirlo. En estos días que corren, todos los actores políticos han debido tomar posición sobre lo que viene ocurriendo en Venezuela; por primera vez se vislumbra una alternativa a la dictadura, una oposición unida ha motivado a la comunidad internacional, ya no es solo el testimonio valiente y premonitorio del secretario general de la OEA, Luis Almagro, para quien va mi modesto reconocimiento.

Como era previsible la actitud más o menos comprometida en la demanda por democracia ha cruzado la política doméstica de los países del barrio. Aquí tenemos un Presidente que debe ponderar de manera correcta la actitud, se aplaude -no sé si por todos pero sí por muchos- un rol activo y coordinado con los países del área, pero cuidado con pasarse de roscas y terminar haciendo cosas más para la tribuna que para el objetivo básico: el fin a la dictadura de Maduro. La oposición por su parte debe evitar cualquier manifestación que pueda ser leída, aun como tibia tolerancia a la dictadura. Ojo con las cartas que recuerden la desprolija e inopinada carta de apoyo a Lula, con ocasión de una sentencia judicial.

Febrero movido también nos trajo novedades en relación al Tribunal Constitucional; por una parte, un grupo variopinto de expertos nos anuncian una propuesta destinada a superar incordias ya instaladas. Cambios en su forma de designación, en su rol preventivo, debieran ser materias bienvenidas para una reforma. Pero no solo el tema se ha tocado en la lógica de la propuesta académica, también hemos conocido un reciente fallo de una sala de la Corte Suprema que puso en grave riesgo la facultad exclusiva del órgano constitucional de ejercer la potestad represiva (vía recurso de inaplicabilidad por inconstitucional de una norma para un caso particular). Por ahí no creo vaya el remedio, por el contrario, malo sería para la legalidad. La Corte Suprema ha sido muy celosa en la defensa de sus atribuciones exclusivas, y enhorabuena, debe usar el mismo criterio para las atribuciones de la jurisdicción constitucional.

Por su parte, el mes corto, nos ha traído noticias de una Contraloría activa a la hora de fiscalizar el uso de los recursos fiscales. Empresas públicas, alcaldes, alcaldesas, asesorías fuera de la planta, deberán responder por gastos y decisiones. Sin perjuicio del derecho a defenderse de los reproches cursados, es una muy buena noticia esta actitud activa. Bueno sería que la reacción de los parlamentarios dejara de ser tan obvia: si es de mi lado, persecución; si es del otro, bienvenido el reproche. Es preferible un Contralor que moleste no más.

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