Jorge Las Heras

Jorge Las Heras

Decano Facultad de Ciencias de la Salud Universidad Autónoma de Chile

Opinión

“Morir bien”


La muerte es la única certidumbre sobre el futuro y aunque se trata de un destino inevitable, resulta -en general- difícil de enfrentar.

El derecho a morir de manera digna, que ha comenzado a discutirse en el congreso chileno, merece un debate alejado de prejuicios y sectarismos ideológicos. La discusión va más allá de las implicaciones médicas y éticas, abarcando hasta dónde llega la libertad individual y qué papel debe ejercer la medicina en estos casos. Hay grupos que piensan que contribuir a la muerte de un paciente bajo cualquier condición es contrario a la deontología médica y a las obligaciones del personal sanitario y que facilitar ésta, en forma activa, resultaría en un desequilibrio de la relación médico -paciente.

“Morir bien” es seguramente el deseo más universal. Pero el concepto de buena muerte no es igual para todos. Hoy disponemos de un amplio arsenal de mejoras terapéuticas, frente a enfermedades que hasta hace algunos años eran mortales a corto plazo. El problema es que muchas veces estas terapias nos permiten alargar la vida a costa de un gran sufrimiento o de la pérdida irreparable de la calidad de vida.

Hay quienes sostienen que de garantizarse a todos los enfermos un buen cuidado paliativo, la eutanasia no sería necesaria. Es lamentable que en Chile eso siga siendo una asignatura pendiente. Además, la medicina paliativa no cubre ni todos los casos ni todos los tipos de sufrimiento y frente a este escenario la eutanasia y los cuidados paliativos no son opciones excluyentes. Al contrario, quienes defienden la eutanasia reclaman al mismo tiempo que se garantice el acceso universal a los cuidados paliativos. De hecho, ellos consideran que entre los requisitos para autorizar la muerte asistida debiera figurar que el paciente se haya podido beneficiar de ellos, tratando de evitar que una persona pueda desear morir por no estar bien atendida.

Es preciso aclarar que ni la limitación del esfuerzo terapéutico ni la sedación terminal son formas de eutanasia. Eso en Chile es hoy un derecho y sus prácticas son procedimientos habituales en la atención médica del final de la vida y entran en los parámetros de una buena práctica clínica.

Los parlamentarios chilenos tienen la responsabilidad de ordenar de manera legal los términos de un debate que ya no puede administrarse bajo el paradigma clásico de la sanción penal por vulneración del derecho a la vida.

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