Nacimientos en Chile: el vaso medio lleno

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Esta columna ha sido escrita en conjunto con Damian Clarke, profesor USACH, Núcleo Milenio para el Estudio del Curso de Vida y la Vulnerabilidad.

El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) dio a conocer su Informe Anual "Estadísticas Vitales" correspondiente a 2016. Así, a través de esta publicación, la institución desarrolla en profundidad cifras sobre fecundidad, mortalidad, nupcialidad y población por tramos de edad.

231.749 personas nacieron en Chile en 2016, 5,6% menos que el año anterior. Tres hechos vinculados a esos nacimientos concitaron atención mediática: la caída de la tasa global de fecundidad, la constatación de que el proceso de postergación de la maternidad continúa acentuándose y el retroceso del embarazo adolescente.

En relación al primero de esos hechos, cabe señalar que la cantidad promedio de hijos por mujer descendió nuevamente hasta situarse en torno a 1,7, lo cual constituye un mínimo histórico y se ubica significativamente por debajo de la tasa de reemplazo de 2,1 (cantidad de hijos por mujer que posibilita el recambio generacional).

Respecto al segundo de los hechos, la participación porcentual de los nacimientos de madres de entre 30 y 39 años de edad ha ido creciendo de manera paulatina en las últimas décadas hasta alcanzar el 38,8% de 2016. En efecto, mientras en 1990 ese porcentaje era de 26,1% en 2000 era 32,2% y en 2010 era 33,2%. De manera opuesta, el peso de los nacimientos de madres de entre 20 y 29 años se ha ido reduciendo, pasando del 58,1% de 1990 al 47,7% de 2016.

En cuanto al tercero de los hechos, la tasa específica de fecundidad para el grupo de madres de entre 15 y 19 años de edad cayó en 2016 a un nivel histórico de 33,4 hijos por mil adolescentes. Corresponde recordar que este mismo indicador se situaba en 66,1 en 1990 y en 64,1 en 2000. Luego, en 2010, esa misma tasa descendía hasta ubicarse en torno a los 50 hijos por cada mil mujeres adolescentes. La trayectoria descendente que han venido registrando los nacimientos de madres adolescentes en los últimos años ha posibilitado que la proporción de éstos en el total se ubique por debajo de 10%.

¿Por qué de esos tres hechos se desprende un panorama que consideramos favorable? La distribución ha variado de manera relevante. Mientras que en 1990 la edad más frecuente entre las madres que habían dado a luz era claramente una: 23 años (distribución unimodal), a partir de mediados de los noventa comenzaron a observarse dos edades "más frecuentes": una cercana a la adolescencia y otra cercana a los 30 años. Por ejemplo, en 2000 se aprecia una distribución de tipo bimodal, con dos edades más frecuentes: 27 y 19. En cambio, las estadísticas recientemente difundidas por el INE muestran el retorno a una distribución centrada, con una edad más frecuente de 27 años, una mediana y un promedio también cercanos a esa edad.

Ese fenómeno de dos grupos prominentes en la distribución de nacimientos -madres cercanas a la adolescencia y madres cercanas a sus treinta años- que predominó entre fines de los noventa y el año 2011 muestra señales de haberse superado.

Y eso es una buena noticia. Refleja que el fenómeno de la maternidad adolescente está disminuyendo en términos relativos y permite proyectar, entre otros resultados positivos, un mayor logro educacional y una mejor incorporación en el mercado laboral para el promedio de las chilenas

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