Juan Ignacio Brito

Juan Ignacio Brito

Periodista

Opinión

Nada más que la ley

Carabineros Velásquez
Referencial. Foto: AgenciaUno

Uno de los problemas de nuestra convivencia es la pérdida del sentido de la autoridad. Quizás quienes más la han sufrido en el último tiempo son los carabineros, desafiados cotidianamente por personas que se sienten con fuerza para irrespetar la ley de manera impune.

Aunque la policía ha contribuido con escándalos que le han hecho retroceder en la valoración y la confianza de la ciudadanía, la responsabilidad mayor por este fenómeno recae en diversas autoridades que a lo largo del tiempo han tolerado violaciones flagrantes a la ley y exaltado los derechos individuales sin vincularlos a deber alguno ni consideración por el bien común. No es extraño que, en el ambiente de impunidad que predomina, en muchas ocasiones los carabineros prefieran no intervenir, por temor a enfrentar sumarios o acusaciones judiciales. Este desamparo debe ser remediado.

Es encomiable que el actual gobierno pretenda restituir la autoridad de la policía. Pero, para que el objetivo se concrete, debe haber buen criterio y apego a la ley, porque no sería positivo pasar de la impunidad de los delincuentes a la impunidad de la policía. Por eso, son desafortunados los apresurados respaldos que han entregado las autoridades -el Presidente de la República a la cabeza- en los casos de la detención ilegal de dos delincuentes en El Tabo y del baleo de un chofer de un vehículo Uber por parte de un suboficial de Carabineros en el aeropuerto de Santiago.

Como en una democracia nadie se ubica por encima de la ley, no corresponde que los carabineros sobrepasen las prerrogativas que esta les entrega para hacer una detención. Tampoco parece correcto que el gobierno anuncie de manera automática una querella contra el juez que dejó en libertad a los delincuentes mal arrestados, porque eso amenaza la división de poderes sobre la que descansa nuestro ordenamiento y pone sobre el magistrado y sus colegas una presión que puede terminar obstaculizando la impartición serena de justicia que es esperable de los tribunales. También resulta apresurado que el Presidente de la República respalde sin más al carabinero que, usando de manera desproporcionada la fuerza, disparó a matar a un conductor que le tiró el auto encima y se resistió indebidamente a la acción de la autoridad pública.

A menudo se cae en el simplismo de reducir este debate a uno entre los “garantistas” y los que piden “mano dura”. Bastaría, sin embargo, con que los distintos actores cumplieran y hagan cumplir la ley y, si no se encuentran satisfechos con ella, construyeran las mayorías legislativas para reformarla sin vulnerar las garantías de las personas. El Estado de derecho exige el respeto a las normas legales y el cumplimiento de los roles institucionales definidos por ellas. Este es el mejor antídoto para la impunidad que supone la falta de autoridad y para el populismo que usa palabras efectistas y extiende cheques en blanco.

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