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Por Gonzalo Valdés, director ejecutivo del Centro de Políticas Públicas UNAB

La acusación constitucional fue diseñada para evitar la insubordinación de autoridades, y no para solucionar la falta de legitimidad. La dinámica política de los últimos años demuestra que es necesaria una fórmula democrática -no jurídica- para remover gobiernos sin autoridad.

Hoy se encuentra en curso la segunda acusación constitucional contra el Presidente Piñera; en total se han presentado ocho acusaciones durante este gobierno. Todo un récord que no hace más que demostrar que nuestra institucionalidad está sobrepasada.

La acusación constitucional es una fórmula jurídica creada para remover autoridades insubordinadas. En la ley se lee que el Presidente puede ser juzgado cuando se hayan “comprometido gravemente el honor o la seguridad de la Nación, o infringido abiertamente la Constitución o las leyes”, que la Cámara de Diputados deberá presentar un informe con “los delitos, infracciones o abusos de poder”, y que en el juicio “hablará el acusado o se leerá su defensa”. No hay elementos democráticos.

Pero las razones de fondo por las que hoy se acusa al Presidente son políticas. El país se encuentra sin gobierno ni rumbo, y las instituciones se caen a pedazos. El problema es que hoy no contamos con una herramienta para solucionar ese problema: los diputados intentan usar una llave inglesa para martillar un clavo.

Lo correcto sería agregar una herramienta política que permita salir de una crisis similar en el futuro; una válvula de escape. Esta herramienta debe ser democrática -en que el gobierno entrante cuente con la legitimidad del voto-, estar pensada para ser usada solo en casos excepcionales, y propiciar que el próximo gobierno tenga mayoría parlamentaria. La acusación constitucional no cumple con ninguno de estos requisitos.

Las válvulas de escape son una innovación política reciente. Por ejemplo, en el parlamentarismo la moción de censura constructiva fue recién incorporada en 1949 en Alemania y en 1978 en España. En el presidencialismo todavía no se observan válvulas de escape simplemente porque Estados Unidos es muy conservador a nivel constitucional y los países latinoamericanos temen innovar.

Chile debiera agregar válvulas de escape. Por ejemplo, los senadores podrían desafiar mediante elecciones al Presidente (presentando un candidato y arriesgando perder sus puestos), y el Presidente podría tener que adelantar las elecciones nacionales por lo que resta de su período (arriesgando perder su puesto). Estas herramientas “parlamentarizan” el presidencialismo e incentivan la cooperación entre poderes.

La acusación constitucional es la herramienta política equivocada para el problema actual.

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