No tiene límites

Boric y Alberto Fernández reunidos.




Por Guido Maiulini, Jefe de Asuntos Políticos de la Embajada de Argentina en Chile

La reciente visita del Presidente Boric a Buenos Aires ha generado un interesante caudal de escritos sobre diversos aspectos de la relación entre Chile y la Argentina. Sin embargo, poco se ha leído sobre el desafío intelectual que la etapa nos presenta a argentinos y chilenos. Pensar la relación bilateral, proyectarla al futuro. Si, esquemáticamente, la agenda dominante en las relaciones entre ambos países fue, según el siglo: en el XIX la de los asuntos limítrofes; en el XX, la de la integración económica y en infraestructura; la del XXI está aún por escribirse. Un pensamiento estratégico conjunto que permita hacernos cargo de nuestras potencialidades en el contexto de este acontecido siglo está aún por construirse.

Hay atisbos, sí. Por ejemplo, el párrafo 40 de la declaración presidencial suscrita el 4 de abril en Buenos Aires refiere a un próximo Acuerdo sobre interconexión fronteriza de fibra óptica. Esto es urgente, además de fundamental. Si la Argentina ya ha comprometido su participación en el proyecto del Cable Transpacífico Humboldt, poco inteligente sería por parte de ambos países no hacer lo necesario no sólo para mejorar nuestros controles y circulación fronteriza, sino para posicionarnos como una opción para el tráfico Atlántico-Pacífico de datos. En este mismo campo resulta sugestiva e interesante la posibilidad de un cable conjunto de fibra óptica hacia la Antártica. Si habremos de desarrollar proyectos conjuntos en el campo de las telecomunicaciones no debemos desatender a las que se producen vía satélite. Chile ha manifestado interés en los servicios de internet de alta velocidad que el tercer satélite de telecomunicaciones argentinos proveerá en la región. La Argentina se encuentra encarando hoy el diseño de su cuarto satélite de telecomunicaciones. Participar de esa misión sería una extraordinaria oportunidad para el emergente sector espacial chileno.

En los asuntos energéticos el más elemental realismo exige acelerar el paso de la integración. La visita dejó compromisos de relevancia: la Argentina comenzará a exportar crudo a Chile a comienzos de 2023. Esto traerá seguridad y economías al abasto chileno. También se marcó la clara intención de avanzar en la exportación de gas natural durante los 365 días del año. No sólo hidrocarburos, sino la complementación en electricidad, especialmente en renovables: es un camino que deberemos recorrer juntos para conseguir mayores eficiencias y sistemas más resilientes. La Argentina y Chile han comenzado a diseñar una agenda de investigación hacia las optimizaciones posibles que surgen de una coordinación en nuestras respectivas transiciones energéticas. Sin embargo, más allá de lo acordado, de lo evidente y de los estudios técnicos, es necesario imaginar, el contexto global otorga extraordinarias oportunidades para que Argentina pueda exportar GNL a Asia a través de los puertos de Chile.

Las recientes conmociones en los mercados globales señalan la urgencia de un pensamiento que tenga en cuenta la seguridad energética de nuestros países como prioridad, pero esto no durará para siempre y la descarbonización de nuestras matrices es una política de Estado para ambos. Es necesario reforzar el sendero de cooperación que apenas se ha comenzado a practicar en dos materiales fundamentales para las transiciones energéticas a nivel global: hidrógeno y litio.

En litio necesitamos conversar más profundamente a nivel bilateral y regional. Definir nuestros objetivos, que son solidarios, frente a un mercado global creciente y en tensión. Conversar acerca de hacia dónde nos interesa apuntar como región en términos de exportaciones, cuota de mercado global, cadena de valor, innovación y desarrollo, relación con comunidades y medioambiente. La articulación entre Chile y la Argentina en esta materia está destinada a ser fundamental.

Nuestras regiones australes son ya el campo donde surgen proyectos de hidrógeno con paralela velocidad, indiferentes a la barrera que la cordillera impone. El recurso natural (el viento) no reconoce esta separación. Ambos Estados han encarado un diálogo técnico en la materia que, con seguridad, será el camino para la convergencia de las estrategias nacionales en hidrógeno, permitiendo asociaciones público-privadas y generando las complementariedades y protocolos de estandarización que permitan optimizar a nivel binacional la potencialidad única a nivel global de la que juntos gozamos. Aprovechémosla.

Proyectándonos más hacia el sur. En este sentido, resulta fundamental la reciente constitución de la Comisión Binacional en Materia Antártica, cuya primera reunión tuvo lugar en Punta Arenas el 28 de abril. Avanzar juntos, no sólo en la coordinación política en foros multilaterales, sino en el fortalecimiento de la cooperación entre el Instituto Antártico Chileno y el Instituto Antártico Argentino, para aumentar las campañas científicas y los proyectos conjuntos y en el trabajo para integrar más aún la logística antártica de ambos países. Hacemos muchas cosas valiosas juntos en la Antártica, debemos hacer muchas más.

Creo, sinceramente, que si la decisión de nuestros países es ampliar los márgenes de autonomía y aumentar la seguridad de nuestra posición estratégica en un entorno global de una complejidad creciente, deberemos, por necesidad, apostar a fortalecer nuestros vínculos en los asuntos que arriba reseñé y tantos otros más.

Mientras me preparo para dejar Chile, al terminar mi misión diplomática, debo señalar que nuestra relación, siendo probablemente la más importante para cada uno de nuestros países, es apenas una fracción de lo que podría ser. Que el potencial es tan enorme que a veces resulta difícil de vislumbrar, que no tiene límites.

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