Juan Manuel Vial

Juan Manuel Vial

Crítico literario

Opinión

Noctívago tras osamentas patagónicas


A través de abundantes lecturas intencionadas, de peculiares historias familiares y de un sinfín de caminatas diurnas y nocturnas, principalmente por la ciudad de Londres y por algunos cementerios magallánicos, el filósofo Cristóbal Marín relata aquí, en su primer libro, una búsqueda imposible tras los huesos de varios grupos de indios fueguinos que, por diferentes razones, todavía permanecen en Europa. Influido por la obra de uno de los más grandes paseantes de nuestra época, el escritor alemán W.G. Sebald, Marín emprende un viaje físico, intelectual y sentimental que reúne, bajo el mismo arco narrativo, a decenas de personajes notables, al tiempo que rescata hechos históricos que fueron convenientemente acallados por ciertas manos siniestras.

Cumpliendo con las expectativas generadas por el título, Huesos sin descanso, el libro efectivamente tiene un fuerte componente necrófilo, que se extiende desde experiencias propias del autor, relacionadas con la exhumación de los cadáveres de algunos de sus antepasados, hasta los numerosos episodios de embalsamamientos y desenterramientos documentados, sin dejar de lado, por supuesto, el tráfico internacional de osamentas con fines científicos.

La narración parte con un acercamiento a la figura del filósofo británico Jeremy Bentham, quien durante buena parte de su vida quiso convertirse en el legislador de las nuevas repúblicas latinoamericanas. En septiembre de 1992, Marín viajó a Londres para estudiar la obra de Bentham, pero no sólo en su vertiente política, pues el hombre manifestaba una “fascinación por el embalsamamiento y el uso de los cadáveres, que lo llevó a la extraña decisión de donar su cuerpo para el avance de la ciencia” (la cabeza embalsamada de Bentham puede visitarse hoy en día en el University College de Londres).

A poco andar, sin embargo, Bentham, el doctorado y hasta la filosofía misma pasaron a segundo plano ante la fuerza de la obsesión que capturó a Marín: el paradero de los huesos de los indios patagónicos. “Mientras investigaba sobre Boat Memory en la Biblioteca Británica, fueron apareciendo evidencias de que sus restos no estaban solos en Europa. A partir de diversos documentos, identifiqué alrededor de cien cuerpos de fueguinos en distintos museos europeos”. Los había en Londres, París, Roma, Florencia, Viena, y probablemente en Bruselas y Zúrich.

Historias que hasta ahora creíamos conocer bien, como la de Darwin, FitzRoy y los indios que viajaron a Londres a bordo del Beagle, o el invaluable trabajo que llevó a cabo el cura Martín Gusinde en Tierra del Fuego entre 1918 y 1924, o el famoso viaje de Bruce Chatwin a la Patagonia a mediados de los años setenta, alcanzan nuevas perspectivas tras las revelaciones que ofrece Marín. Varias de éstas producen escalofríos, aunque tal vez la más sorprendente sea el vínculo de Gusinde con el nacionalsocialismo y, particularmente, con la sombra aterradora de Josef Mengele.

Por una parte, Huesos sin descanso consiste en una suma de personajes y hechos curiosos; por la otra, es una cautivante recopilación de aparentes coincidencias entrelazadas con maestría. Se trata de un relato híbrido, impredecible y trascendente, que encamina con arrojo los pasos propios con los de personajes desaparecidos hace muchos años, cualidad, esta última, muy propia de un noctívago hecho y derecho.

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