Nuestra Rosa Parks

Evasion por el alza del pasaje en el transporte publico - Metro Republica

Evasión en el metro de Santiago. FOTO: AGENCIAUNO


A raíz del vandalismo en el Metro vi una imagen impactante: una señora de edad, con muleta, enfrentando a los manifestantes y, luego de pagar su ingreso, los increpó, lanzándoles unos bastonazos físicamente inofensivos, pero moralmente demoledores. Se me vino a la memoria el caso de Rosa Parks que, en 1955 en el estado de Alabama, se negó a cederle el asiento en un microbús a una persona blanca, por lo que fue detenida por la policía, ya que la ley disponía que tenía la obligación de hacerlo. Su caso fue la chispa que encendió la lucha por los derechos civiles.

Los que han destruido las estaciones de Metro hasta provocar la paralización de varias líneas, probablemente se ven a sí mismos como rebeldes ejerciendo la desobediencia civil; quisieran ser un alter ego de Rosa Parks, pero no lo son. Es más, son exactamente lo contrario: apenas una banda de matones, cobardes y delincuentes que, amparados en el anonimato de la masa, se han dedicado a destruir una empresa pública invaluable para la calidad de vida y la dignidad de millones de personas de clase media.

Rosa Parks actuó sola, a rostro descubierto, se hizo responsable de su desobediencia, desafió pacíficamente una situación de injusticia, sin más armas que la fuerza moral de su causa. El chofer del bus le advirtió que llamaría a la policía, lo que ella aceptó, así como enfrentó dignamente las consecuencias de sus acciones. Nada tiene que ver eso con el vandalismo primitivo de estos "manifestantes" que, con un discurso de corte anarquista, sistemáticamente intentan destruir instituciones a punta de bombas molotov, pero convenientemente encapuchados.

Si lo anterior es delincuencia con disfraz de desobediencia civil, ver a algunos políticos, con estética de niño rebelde, intentando justificar la violencia es simplemente desolador. La inconsistencia de sus argumentos provocaría indignación, sino fuera tan evidente la contradicción entre su pretensión de superioridad moral y la miseria intelectual de sus justificaciones.

El gobierno enfrenta un desafío enorme a su capacidad de mantener el orden público y sustentar las condiciones de funcionamiento de la sociedad; en definitiva, a la esencia misma de la tarea de gobernar. Pero las autoridades también están desafiadas respecto de la legitimidad en el ejercicio del poder, y esa es una confrontación tanto de discursos como de imágenes.

El uso de los medios coercitivos del Estado es indispensable e irrenunciable, pero insuficiente; hay que ganar la batalla por la legitimidad y no cabe la neutralidad.

Esa señora blandiendo su muleta lo sabe; ella encarna una forma de entender la sociedad, peleando contra su concepto de la injusticia y el abuso; ella es nuestra Rosa Parks.

Comenta

Imperdibles