Nueva Constitución: la oportunidad en la crisis

Temáticas de la Constitución de la Republica de Chile

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO


En el transcurso de la noche del 14 al 15 de noviembre se llegó a un acuerdo entre distintos partidos políticos para dar inicio al proceso de redacción de una nueva Constitución, que culminaría en agosto de 2021 con un plebiscito sobre los contenidos de este texto. ¿Pero qué es una Constitución y para qué sirve? ¿Qué significa que sea "la casa de todos"?

La Constitución es la ley más importante del Estado, fija los derechos fundamentales de quienes componen la sociedad, las reglas del juego que nos damos para poder convivir. Por ejemplo, la Constitución chilena de 1980 comienza señalando que "las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos", aquí lo importante es de qué manera la Constitución establece mecanismos para que esos derechos puedan ser efectivamente ejercidos.

Las constituciones modernas en general ratifican la idea de la "separación de los poderes", la autonomía entre el Ejecutivo (gobierno), el Legislativo (Congreso) y el Judicial (sistema judicial), para que cada uno de ellos vigile y controle los excesos de los otros. Así como en el fútbol los árbitros disponen de mecanismos para asegurar el juego limpio, un Estado debe tener un sistema para que ninguno de los tres poderes que lo componen actúe de manera autoritaria.

En este sentido, una constitución es un texto que conjuga grandes principios, que pueden ser abstractos, por ejemplo, el derecho a la felicidad en las constituciones de Japón, Corea del Sur o Brasil, con apartados mucho más técnicos y prácticos. Por ende, se trata de un texto complejo de redactar porque debe balancear ambos aspectos.

La redacción de una nueva constitución también es un momento que genera expectativas y esperanza en la sociedad, porque corresponde a una "refundación" del pacto social. Esta idea de pacto también proviene de la filosofía política de la Ilustración y significa que los ciudadanos ceden parte de sus derechos particulares en beneficio del interés común, lo que permite que cada uno tenga los mismos derechos.

Cuando una sociedad ya no garantiza los mismos derechos a todos sus miembros, se rompe el pacto y se vuelve al "estado natural", que el filósofo Jean-Jacques Rousseau definía como "tiránico o vano", donde impera la ley del más fuerte. Las actuales demandas por mayor igualdad radican, en gran parte, en esta percepción de que el pacto está roto, ya que no protege y/o beneficia a todos por igual.

Las esperanzas que suscita una nueva Constitución, mezcladas con la desesperación y el hastío de la cual hemos sido testigos y participes estos meses, se han manifestado en la proliferación de los cabildos. La nueva significación parece asemejarse más a un "cabildo abierto", el que reunía a parte de la población para discutir puntos sobre la vida en común. Los cabildos actuales tienen estas características, además son instancias que recogen las "dolencias" y críticas que sus participantes tienen al estado actual de la sociedad.

Esta coyuntura me recuerda la esperanza de los franceses de 1789 en la Revolución. Al momento de redactar los "cuadernos de dolencias" que debían ser transmitidos a los diputados en asamblea general que el Rey Louis XVI, luego destronado y decapitado, había sido obligado a convocar por la situación general del Reino. En ellos se recogen críticas y demandas del pueblo para su sociedad y gobernantes. La incapacidad del rey de responder a estas expectativas fue uno de los factores que generó la radicalización del proceso y determinó la transformación de la Asamblea General en Asamblea Constituyente. Toda semejanza con eventos actuales no es una coincidencia.

Ahora queda a la sociedad chilena ratificar por plebiscito este cambio de Constitución, y preguntarse por sus contenidos, en particular estos principios generales que deben dar un fundamento al nuevo pacto social. ¿Qué tipo de Estado queremos? ¿Hacia qué grandes ideales debemos orientar nuestros esfuerzos? ¿Qué futuro trazaremos para nosotros y nuestros hijos?

Toda crisis es una oportunidad, agregaría que toda nueva Constitución también lo es. En sus 200 años de vida independiente, desde su proclamación oficial como Nación soberana en 1818, Chile ha tenido siete constituciones. Cada una ha significado una adaptación a su contexto de producción, dando cuenta del sistema político vigente y las aspiraciones de sus elites políticas y/o económicas. Por primera vez, un conjunto más amplio de ciudadanos tendrá algo que decir sobre este proceso, más que en cualquiera de los procesos constitucionales anteriores. Es responsabilidad de cada uno de nosotros que efectivamente así sea.

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