Opinión

Nueva normativa sobre convivencia vial


El próximo domingo entra en vigencia la Ley de Convivencia Vial, una iniciativa que regula de forma equitativa los espacios públicos de manera de garantizar el derecho a la movilidad de los ciudadanos, así como la seguridad de quienes se desplazan y hacen uso de ellos. Con este fin establece normas de uso de las calzadas, veredas y ciclovías, junto con derechos y obligaciones de quienes conducen vehículos motorizados y no motorizados, como asimismo las sanciones para quienes las infrinjan.

El aumento del parque automotriz -que se estima pueda llegar este año a 5,5 millones de unidades en el país- y el incremento en el uso de otros medios de transporte individual como bicicletas y scooters eléctricos, que alternativamente hacen uso de calles, ciclovías y veredas en un escenario desregulado, generan no solo conflictos por el uso de los espacios, sino que aumentan los riesgos de accidentes para quienes se movilizan en ellos, incluidos los peatones.

La pretensión de masificar el uso de medios alternativos de transporte de carácter no contaminante es acertada tanto porque ayuda a la descongestión e incentiva prácticas saludables, como por el hecho de que frente a una ciudad cada vez más extensa es necesario ampliar las alternativas de transporte. Todo ello hace necesario contar con esta herramienta regulatoria, que también podría contribuir a la disminución de la siniestralidad en los accidentes de tránsito, donde según datos de 2017, el 6% de los fallecidos correspondió a ciclistas, con más de tres mil lesionados.

La nueva legislación regula los espacios de uso de las calzadas, fija líneas de detención adelantadas en cruces regulados por semáforos y establece las condiciones en que el ciclista debe enfrentar cruces con flujos de peatones; asimismo, establece patrones más claros en cuanto a las distancias entre vehículos motorizados y no motorizados, y enumera las situaciones excepcionales en que un vehículo no motorizado podrá utilizar veredas. Por otra parte, al fijar las condiciones de estacionamiento de éstos en la vía pública contribuirá a evitar el entorpecimiento del desplazamiento de peatones.

Sin embargo, no debería perderse la perspectiva de que más allá de la necesidad de contar con una regulación moderna, la calidad de las relaciones recíprocas y el respeto al otro constituyen la piedra angular de la convivencia, donde lamentablemente abundan los malos ejemplos, ya sea de agresividad o de indolencia por las normas del tránsito. De allí que ante todo es necesario un cambio cultural, que requiere una atención especial en la formación y la educación para revertir estos patrones de conductas, y fomentar un mejor comportamiento ciudadano. El desafío parte en la niñez, porque la sola regulación y fiscalización -que se anticipa compleja en su aplicación-, no bastan. Un ejemplo de ello es la nueva norma que limita la velocidad en zona urbana a 50 kilómetros por hora, de escaso cumplimiento.

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