Opinión

Nueva presidencia de la Cámara de Diputados


Tras mucha incertidumbre y variadas escaramuzas, la oposición logró asegurar la presidencia de la Cámara de Diputados. En algún momento el Frente Amplio (FA) pareció inclinado a desconocer los acuerdos “administrativos” previos para elegir presidente de la Cámara al diputado demócrata cristiano Silber, y así sancionar a una DC incapaz de asegurar que sus parlamentarios votasen en sintonía con el resto del bloque opositor.

Tras la caída de Silber, sin embargo, el FA terminó dando sus votos para que el diputado Iván Flores, también demócrata cristiano, asumiera a la cabeza de la corporación. Igualmente, en la DC, los sectores más “progresistas” que habían levantado su propia candidatura, se allanaron rápidamente a apoyar al diputado Flores, el candidato de los sectores más moderados del partido.

Este desenlace parece confirmar la hipótesis de muchos observadores que nunca dudaron que -más allá de posiciones diversas, y hasta radicalmente encontradas, al interior de la oposición siempre primaría la conveniencia electoral para mantener a la ex Nueva Mayoría y el FA actuando en forma coordinada cuando se trate de elecciones. Es interesante constatar que, más allá de una aparente intransigencia, los sectores más radicalizados de la izquierda terminaron privilegiando la unidad de la oposición y cumpliendo cabalmente con sus compromisos, incluso cuando el proceso derivó hacia la elección de un presidente de la Cámara reconocidamente menos progresista y, eventualmente, menos inclinado a consensuar posiciones con el FA.

Todo esto debería ser muy relevante para aquellos sectores de la DC y PR, de convicciones más moderadas, que aspiran a perfilarse como elementos confiables en el centro político. Parecería que estos sectores cuentan con suficientes grados de libertad para afirmar una identidad propia sin arriesgar la pertenencia de sus respectivos partidos a una única coalición opositora. De ser esto así, resulta también importante para el país, pues, si verdaderamente estos sectores quieren ubicarse en el centro, deberían ser proactivos para posicionar su identidad, lo que supone mantenerse explícita y genuinamente abiertos a discutir las iniciativas legales del gobierno en sus méritos, sin someterse a consensos “mínimos” de la oposición.

Frente a una oposición fuertemente cohesionada para obstruir, como ha estado promoviendo activamente la izquierda más extrema, resulta perfectamente plausible que la mejor estrategia del gobierno pudiera ser sostener sus propias posiciones con firmeza, y dejar claro ante la ciudadanía quién tiene la responsabilidad por las consecuencias de que problemas importantes se mantengan sin resolver.

Pero la mayor libertad para que sensibilidades más moderadas en la oposición puedan manifestarse -algo que parece poder desprenderse del episodio Silber-Flores- permite aspirar a que el gobierno todavía pueda avanzar en su agenda con apoyo de estos sectores, en beneficio de quienes logren concordar los avances, y de una ciudadanía distante de los juegos de poder.

#Tags


Seguir leyendo