Un nuevo escenario político en Reino Unido

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Boris Johnson apostó y ganó. En octubre pasado el Primer Ministro británico concretó su deseo de llamar a unas elecciones anticipadas -las terceras en cuatro años y las primeras en diciembre en casi un siglo- con la convicción de que le permitirían consolidar una mayoría clara en el Parlamento. Y los resultados del jueves pasado le dieron la razón.

El líder del Partido Conservador no solo superó las expectativas de las últimas encuestas sino que obtuvo el mayor triunfo de su partido en más de 30 años. Los tories contarán ahora con 365 parlamentarios, 39 más de los 326 necesarios para tener mayoría, el margen más abultado desde los años de Margaret Thatcher. Además, al frente tendrán a un Partido Laborista debilitado, tras sufrir su mayor derrota desde 1935. No solo sumará casi 60 parlamentarios menos de los que tenía hasta ahora sino que su líder, Jeremy Corbyn, enfrenta severos cuestionamientos internos que lo llevaron a anunciar su decisión de no liderar al partido en unas futuras elecciones, adelantando su próxima salida del cargo.

Frente a este panorama, el Primer Ministro británico tiene luz verde para llevar adelante el principal objetivo de su gestión: concretar el Brexit el próximo 31 de enero, el último plazo otorgado por la Unión Europea. El líder conservador basó su campaña en la promesa de que de ganar haría efectiva la decisión expresada en el referéndum de junio de 2016 por una mayoría de los británicos y que aún no logra hacerse realidad. Por ello, el resultado del jueves pasado es un claro mandato para que el país no siga dilatando la decisión de retirarse del bloque. Sin embargo, lo sucedido es mucho más que eso y esconde una clara reconfiguración del mapa político británico. No solo hubo, por un lado, un evidente rechazo al discurso del líder laborista y a su estilo de liderazgo, sino que además, Boris Johnson logró sumar apoyo en distritos tradicionalmente laboristas, especialmente del norte de Inglaterra, lo que da cuenta de un cambio en el perfil de los votantes británicos que el líder conservador supo identificar con precisión.

Los resultados permiten prever una mayor estabilidad en la política británica, tras cuatro años de tensiones y disputas internas, lo que ayudará a despejar la incertidumbre generada por la dilatada salida de Reino Unido de la UE.

Sin embargo, el camino que se inicia ahora no es sencillo. En el plano externo, luego del 31 de enero el primer ministro deberá abocarse a las negociaciones sobre el tratado comercial que definirá la nueva relación entre Londres y Bruselas. Pese a que él aspira a sellarlo antes de fines de 2020, varios analistas concuerdan que la negociación podría extenderse. Y en el plano interno, deberá hacer frente a las presiones del europeísta Partido Nacional escocés, que tras su sólido resultado electoral aspira a llevar a cabo un nuevo referéndum independentista. Y también enfrentará tensiones con sus tradicionales aliados norilandeseses del Partido Unionista Democrático que ven con recelo el acuerdo alcanzado para concretar el Brexit y temen un resurgimiento de la violencia en la región. A su favor Johnson tendrá, eso sí, la mayoría parlamentaria más amplia de un Primer Ministro en casi 15 años.

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