Felipe Harboe

Felipe Harboe

Senador del PPD

Opinión

El nuevo orden, los datos y la ciberseguridad


Estamos en medio de la cuarta revolución, la digital. Según el ranking WEF, en América Latina somos los mejor ubicados para enfrentarla: 84% de penetración de internet -somos el país con mayor uso de facebook- y tenemos cerca de 23 millones de celulares.

La automatización de los procesos ya está aquí. Para el año 2050, según WEF, Chile reemplazaría el 51% de la mano de obra de sus servicios: en lo agroindustrial, las máquinas ya clasifican, embalan y etiquetan; drones detectan plagas, vigilan y, prontamente, trasladarán mercadería; en los peajes, cada vez menos personas y más tags o free flow. Esa es nuestra realidad, no asumida.

¿Sabía usted que todo lo que hacemos en línea queda almacenado? La economía digital y la inteligencia artificial se nutren de estos datos, extraídos a nuestras espaldas. ¿Y usted aún cree que las redes sociales son gratis? No, el precio se paga con sus datos cuando hace click en aceptar, sin leer las políticas de privacidad.

Tomando decisiones claves, podríamos mejorar nuestras expectativas de desarrollo, crecimiento y redistribución. Para tener una regulación adecuada, necesitamos una nueva ley de protección de datos personales, capaz de proteger los datos de cada persona y promover el desarrollo de servicios globales (industria que reporta anualmente U$ 1.600 millones, sólo por concepto de exportaciones). Entregando estas certezas podríamos triplicar esas cifras.

Hoy es clave asumir que el crimen ha cambiado: el escenario es virtual e informático. Mientras el mundo invierte, en promedio, el 0,7% del PIB, en Chile sólo llegamos al 0,0012%. Así, nunca podremos evitar o, al menos, reaccionar oportunamente frente a un incidente. Según la ONU, a 2020, las pérdidas proyectadas por ciberataques serán de U$ 3,1 trillones.

Nuestras decisiones condicionarán los próximos 30 años. Por primera vez, el conocimiento y la innovación podrán tener mayor valor que el capital en el desarrollo de los nuevos negocios. Si somos capaces de confluir en un gran acuerdo para el desarrollo de la ciencia y tecnología, apoyando al emprendimiento y la innovación, lo lograremos. Por ello, es vital asumir la necesidad de nuevas normas y mejorar los estándares de ciberseguridad, generando un equilibrio entre la protección de los datos personales de los ciudadanos y la promoción del desarrollo de nuevos negocios.

Sólo así, este anhelo no se frustrará, ni por la falta de inversiones, ni por la ausencia de garantías al flujo seguro de nuestra información y dinero en la red. Este es nuestro desafío.

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