Oportuna preparación ante incendios forestales

A la luz de lo que se ha visto en el hemisferio norte, el país debe comenzar desde ya a prepararse ante la posibilidad de que sobrevenga una temporada con incendios forestales altamente peligrosos y masivos.



El verano europeo de alguna manera ha sido un anticipo de lo que podríamos esperar para la temporada estival en el hemisferio sur: en varias zonas se han registrado temperaturas récord, así como incendios forestales que en algunos casos han alcanzado un grado de devastación inaudito. Ha sido el caso, por ejemplo, de la isla de Hawái, Grecia o de Canadá, que ha registrado una superficie quemada sin precedentes de más de 10 millones de hectáreas.

Estos antecedentes desde luego deben ser una voz de alerta para Chile, considerando que para este verano distintos modelos climatológicos anticipan que algunas zonas alcanzarán temperaturas récord, lo que combinado con abundante cantidad de vegetación -considerando las copiosas lluvias que se han dejado sentir en las últimas semanas- crean las condiciones propicias para la ocurrencia de graves incendios forestales.

Esto no solo representa un altísimo peligro potencial para las comunidades que sobre todo viven cerca de zonas densamente boscosas; es también un factor altamente destructivo de las capacidades productivas y un factor que genera daños ambientales devastadores. El país acaba de atravesar por esta amarga experiencia en los meses del verano pasado, donde se quemaron más de 450 mil hectáreas, se destruyeron más de 2.500 viviendas y hubo 26 fallecidos. La superficie quemada estuvo cerca de emular lo acontecido en 2017, cuando devastadores incendios arrasaron con más de 570 mil hectáreas. En ambas emergencias se ha podido ver correlaciones con altas temperaturas en las zonas más afectadas.

A la luz de estos antecedentes, no cabe duda de que el país debe comenzar desde ya a prepararse ante la posibilidad de que sobrevenga una temporada con incendios altamente peligrosos y masivos. En los últimos años Chile ha venido incrementando sus capacidades para combatir incendios forestales, así como reforzando su institucionalidad para el combate de estos siniestros y otros desastres naturales. Pero como se acaba de demostrar en la temporada recién pasada, ante la magnitud que pueden alcanzar los incendios incluso considerables capacidades se pueden ver sobrepasadas. Cabe considerar que entre esfuerzos públicos y privados para dicha temporada se dispusieron del orden de US$ 200 millones para el combate de incendios, contando con más de 120 aeronaves y sobre 600 brigadas.

Si bien el país ha estado cruzado por una serie de urgencias que han concentrado su atención, se echa de menos un debate público en profundidad para analizar exhaustivamente cómo va la planificación para hacer frente a la temporada que se avecina. Está demostrado que una buena planificación puede marcar una diferencia muy importante en el combate de los incendios forestales; también cabe tener presente que se agrega una complejidad adicional, pues cuando comience la temporada todavía se estarán enfrentando los efectos de los temporales que han afectado a la zona centro-sur. Es decir, probablemente habrá que lidiar con dos grandes emergencias en paralelo. Todavía estamos a tiempo en todo caso para anticiparnos.

Una dimensión que no debe estar ausente en todo este debate es el combate al delito, considerando que el 99% de los incendios forestales son causados por el ser humano, un tercio de los cuales son intencionales. En los siniestros de este verano se notó un fuerte aumento de la intencionalidad en algunas zonas, lo que obliga al refuerzo de la vigilancia y persecución penal.

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