Oscurantismo




El impacto social de internet es enorme y complejo, a sus innumerables aspectos positivos se suman también otros, que tienen efectos muy negativos y con los que todavía somos incapaces de lidiar. Las redes sociales han exacerbado divisiones, nos hemos comenzado a acostumbrar a su lenguaje hostil, descalificador y, tanto o más grave, en ellas se han hecho realidad los versos de Santos Discépolo: “Todo es igual, nada es mejor/lo mismo un burro que un gran profesor”.

El conocimiento científico serio es refutado, en aparente igualdad de mérito, por todo tipo de charlatanes, que arguyen conspiraciones con secretos objetivos de dominación, bajo los cuales se sostiene que la tierra es plana, que a Elvis lo abdujeron los extraterrestres o que las vacunas son un intento de convertirnos en autómatas al servicio de un orden mundial. A este último efecto, se muestran fotos que supuestamente acreditarían que líderes como Kamala Harris no se vacunaron, pues solo habríamos visto montajes con jeringas sin aguja u otras excentricidades.

Pero la irracionalidad no solo alcanza a la pretensión de refutar el conocimiento científico, sino también a horadar las bases mínimas de la confianza social, indispensable para ejercer el gobierno de los países. En este caso, además, la variable ideológica, junto a la pasión política, potencian la credibilidad de todo tipo de opinólogos que ejercen una forma de poder exceptuado de control y responsabilidad. El asesinato de un funcionario de la PDI en La Araucanía es calificado de “montaje”, sin antecedente alguno; de los problemas económicos, jurídicos o sociales más complejo se hacen afirmaciones con certeza de profeta, a diario se acusa y condena en verdaderos tribunales populares virtuales.

Acabamos de recibir cuatro millones de vacunas que permitirán inmunizar al grueso de la población de riesgo durante los próximos dos meses y luego a quince millones de personas en el transcurso del primer semestre. Para un país como Chile, en el contexto de competencia mundial por salir de la pandemia, este es un logro extraordinario, digno de reconocerse y valorarse, más allá de la posición política de cada uno o de la apreciación general que se pueda tener del gobierno del Presidente Piñera.

Pero en las redes sociales se perciben más esfuerzos por negar la conveniencia de vacunarse o por descubrir alguna alambicada razón para descalificar el trabajo bien hecho, antes que reconocer lo que está respaldado en datos o en hechos evidentes. Esta prevalencia de lo irracional favorece una nueva forma de oscurantismo incompatible con la vida común organizada, pues genera condiciones favorables para el populismo, la anomia y la violencia. Apreciar la oportunidad y vacunarse es lo social y científicamente razonable; o sea, lo civilizado.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.