(¿Paréntesis?)

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Matías Claro, Gerente general de Grupo Prisma.



Urgencia. La crisis del petróleo, la crisis sanitaria del Covid-19 y su consecuente impacto en la economía real nos tienen a todos de cabeza. Como empresario y economista, me gustaría aportar respecto de la crisis económica: qué políticas públicas se deben aplicar hoy para evitar que esta se extienda en el tiempo. En otras palabras, cómo lograr que nuestra economía sobreviva a este frenazo, que hoy significa que el 76% de las empresas planee disminuir su dotación de trabajadores durante este año, según una reciente encuesta del Banco Central.

Las soluciones tienen que enfocarse en dos ámbitos: personas y empresas, en ese orden.

El Estado ya ha puesto en marcha medidas para descomprimir los gastos fijos de las familias y, a la vez, asegurar un porcentaje de los ingresos a los trabajadores que resulten desvinculados, por medio de instrumentos como el Seguro de Cesantía. Para las pymes también hay avances, como medidas tributarias y laborales que tendrán efectos importantes en aliviar por unos meses sus problemas de liquidez.

Donde aún no hay claridad es en las medidas del Estado más enfocadas a las problemáticas que atraviesan las medianas y grandes empresas, gestoras de los principales proyectos de inversión en Chile. Esto, en circunstancias en que la proyección de la inversión muestra una disminución del 8,2%, según el último IPoM del Banco Central, y que esperamos no se profundice aún más.

Aquí la solución es más compleja, porque cualquier apoyo a las empresas no pyme es impopular y, por tanto, no concita consenso político. No obstante, ya han surgido propuestas; el exministro de Hacienda Rodrigo Valdés y el senador Ricardo Lagos Weber, en una carta a un medio publicada el viernes, enfatizaron la necesidad de una postergación de cuotas de crédito automáticas y generalizadas, por dos meses y con efecto inmediato para las familias y las empresas. “Necesitamos que el mayor número posible de empresas, de todos los tamaños, sobrevivan el período de emergencia sanitaria, en el que podrán vender poco o nada”, indicaron en su misiva.

Y efectivamente. Así como vamos no sería extraño ver quiebras masivas de empresas medianas e incluso grandes. Esto nos plantea un escenario realmente riesgoso y que es pasar desde “un paréntesis”, como ha dicho el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, hacia una contracción mucho más larga de la economía.

Hasta ahora este problema de liquidez de las compañías se ha abordado a través de un apoyo muy fuerte de los bancos centrales al mercado financiero. Más allá de disminuir la tasa de política monetaria, han entregado directamente liquidez a los bancos comerciales para que sean estos quienes puedan proveer liquidez a las compañías. Pero este traspaso de recursos no necesariamente se va a producir, especialmente en períodos en que los mercados no pueden estimar correctamente los riesgos o no necesariamente van a llegar a las compañías más necesitadas y que pueden pagar posteriormente sus compromisos.

Así, el Estado puede tomar una estrategia más agresiva, entregando garantías directa o indirectamente a estas compañías o incluso en casos muy especiales -de un grupo de empresas definidas como estratégicas para el país- hacer un rescate aportando capital a valor de mercado, siempre que, dadas las condiciones especiales que estamos viviendo, no puedan conseguir estos recursos en el mercado. Aquí debemos responder preguntas complejas, como ¿qué pasaría con la exportación e importación agroalimentaria o con la conexión de personas dentro y fuera de Chile si es que quiebran las principales compañías de la industria del transporte?

Estas decisiones no son fáciles. Los más dogmáticos pueden pensar que es un problema que debe resolver solo el mercado, pero ya es sabido que el mercado no resuelve todos los problemas. En estos casos se producen escenarios llamados “Black Swan”, en que el mercado se paraliza y puede dejar caer a estas empresas imprescindibles, pero que pueden ser totalmente viables si logran superar este período.

Desde la otra cara de la moneda, este tipo de “rescates” son muy complejos de implementar porque pueden provocar una distorsión de los incentivos en el largo plazo de muchas empresas e industrias que, sabiendo que podría venir una ayuda estatal, decidan tomar riesgos superiores a los que tomarían de no contar con este seguro implícito. Por lo tanto, el cómo hacerlo es muy importante.

El mensaje a los tomadores de decisión es que hoy es urgente buscar soluciones innovadoras y agresivas de ayuda a las empresas que necesitan un “respirador artificial” y a quienes habrá que “salvarles la vida”, de manera que esta crisis sea solo un “paréntesis” y no termine siendo una gran depresión, con costos muy grandes y perdurables para las compañías, el empleo, la recaudación del Estado, y, por consiguiente, para todos los chilenos.P

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