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Piñera

Foto: La Tercera/Archivo



A varios sorprendió la virulencia con que el ministro de Economía abordó el tema del déficit estructural. De hecho, mientras muchos celebraban lo republicano del traspaso de mando o reconocíamos la fluidez en las conversaciones entre los ministros entrantes y salientes -todo además en el marco de un discurso de Piñera que llamaba a la unidad y abogaba por los acuerdos- ocurre que José Ramón Valente acusa al gobierno de Bachelet de "mentirle" a los chilenos, catalogando de "irresponsabilidad brutal" la forma en que se llevó el manejo fiscal y denunciando un "grave daño" a las finanzas públicas.

Lo primero que me extrañó es que fuera el ministro de Economía, y no el de Hacienda, quien fijara la posición pública del gobierno en esta materia. De hecho, lo poco que se le escuchó a Felipe Larraín sobre este tema, fue mucho más sobrio y moderado. Es cierto que varias de las actuales autoridades están asumiendo un cargo público por primera vez y, junto con la falta de experiencia, quizás la emoción inicial los lleva a sobregirarse un poco.

Lo segundo, que me preocupa, es que quien más miente no es precisamente el gobierno anterior, sino el propio Valente; pues lo que quiso dar a entender -incluso poniendo un ejemplo para cuantificar en colegios bicentenarios lo que significan 1.100 millones de dólares- es que dichos recursos no estaban disponibles en la caja fiscal con la cual cuenta el gobierno. Y eso, a todas luces, es faltar a la verdad. Sin querer minimizar la importancia del déficit estructural, se trata de una conceptualización teórica y no del margen efectivo.

Lo tercero, es que a Valente lo pudiera estar traicionando su anterior oficio de comentarista, tarea en la cual fue más laxo con la veracidad de los hechos, siempre fijó una posición política e ideológica, aunque quiso disfrazarla como una argumentación técnica, y sistemáticamente dirigió sus dardos hacia el adversario político. ¡Y nada podría reprocharse en aquello! De hecho, muchos columnistas lo hacemos en ocasiones -quiero creer, eso sí, que de manera más elegante- pero, como sea, se trata de una práctica que no puede prolongarse después de asumir como Ministro de Estado. Mientras esté en el gobierno, Valente debe suspender la opinología.

Quien mejor lo entendió fue Gerardo Varela -un columnista de verdad inteligente, fino y punzante-, el que después de asumir en la cartera de Educación comprendió que tenía un rol muy importante, el que debía subordinar a un proyecto colectivo, jugar en equipo, cuidar sus palabras porque ya no eran solo suyas, olvidarse de los gustitos personales y dejar atrás cualquier ridículo y tempranero mareo de tierra.

En todo caso, recién llevamos una semana y se puede corregir.

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