Penas efectivas y los "enemigos imaginarios"

Fachada de Fiscalia


Con sorpresa se leen en las paredes de Santiago frases que impulsan a subir las penas respecto de los delitos económicos, situación que ha sido repetida por todos los políticos y recogida por el Poder Ejecutivo. Se ha transformado en la consigna de moda. No llama la atención leer en los muros de la capital, rayados que promueven "cárcel para los empresarios", y otras semejantes. Ahí hay que detenerse. Desde siempre ha resultado peligroso politizar el Derecho Penal. No debe usarse como herramienta política. No olvidemos lo sucedido durante el nacionalsocialismo. Sus consecuencias fueron desastrosas.

Generar por su parte, "enemigos imaginarios" (solo viven, como clase, en nuestra mente), - empresarios, terroristas, lumpen, o como se les quiera denominar- por cierto, puede ser muy útil para las ideologías, toda vez que validan su actuar en la destrucción de aquellos. Su móvil, o finalidad última, es eliminar a esta "clase" de personas, sin importarles si han hecho o no algo en particular. Esta lógica, incluso filosófica, está profundamente alejada del correcto uso del Derecho Penal. Este último es para conductas singularizadas y personas determinadas. Aquí no operan las generalidades. Ciertamente la descripción de la conducta punible es abstracta, pero para la aplicación del caso concreto. Está basado en la descripción de conductas que lesionan bienes jurídicos particulares. A los autores de dichas conductas, los Tribunales de Justicia, les aplican una pena puntual y determinada después de un procedimiento ya establecido.

La pena por su parte, tiene por objeto castigar al autor de ese hecho específico, pero además, generará un efecto disuasivo respecto del resto de la población.

La pregunta que uno se hace es, ¿por qué se ha generado tanta crítica al sistema penal? ¿Será porque se entiende que es desigual, en orden a que se sanciona efectivamente solo a algunos y no a otros?

En caso que así lo sea, la fórmula ciertamente no es subir la penalidad de los delitos, sino mejorar su efectividad.

Entonces, qué se puede hacer. La verdad es que la pena al no ser aplicada en forma cierta, no disuade, no ejemplifica, en definitiva, no genera efectos. Entonces, la solución es que sí lo sea. Es decir, que siempre la pena se cumpla efectivamente, ya sea pequeña, mediana o alta. Si esa es la lógica, y se buscan ambos fines, hagámosla real, no ilusoria. Si usted es condenado por un hurto a 61 días, los cumple en la cárcel. Si usted es condenado por una estafa a 541 días, lo cumple privado de libertad. Si usted fue condenado por una insolvencia punible, los cumple efectivamente. Y así con todos los delitos. Creo que con esto se satisfacen los estándares de proporcionalidad, igualdad y eficacia que debe comprender el sistema punitivo del país.

El miedo a cumplir una pena efectiva, en el ciudadano real, es realmente disuasivo. Y esto, a todo nivel. Por su parte, el efecto ejemplificador en la población, es infinito.

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