Pequeñas cosas

. FOTO:EQUIPO AGENCIAUNO




Groucho Marx -uno de los Marx que nos puede hacer reír- decía que la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna. En el fondo, en su contradicción la frase resalta que lo realmente importante para vivir una vida tranquila y plena son las cosas más sencillas e incluso naturales, como tener buena salud, una familia armoniosa, seguridad y poder cubrir las necesidades materiales en lo fundamental.

La gente lo sabe, por eso los proyectos políticos utópicos fracasan tarde o temprano, porque en su delirio de perfección y en su soberbia constructivista se sienten llamados a cambiarlo todo, es tan grande el objetivo futuro que se representan que cualquier sacrificio presente se justifica. A más grande el fin, más tolerante se es con los medios; también por eso cuando los mesianismos alcanzan cierta cuota de poder empiezan a exhibir su desconexión con la realidad y su raíz autoritaria.

Estos últimos días hemos visto varios ejemplos de las demasías de la izquierda utópica, como Jaime Bassa afirmando que “somos el fin de una historia de despojos”. No quisiera caer en la ironía innecesaria, pero me cuesta creer que en el futuro el tiempo se medirá en años AB y DB (antes de Bassa y después de Bassa). Conseguir ser un eslabón reconocible de la historia es un logro gigantesco; pero, sin intención de desanimar al vicepresidente de la Convención, los demás en nuestra simpleza todavía no alcanzamos a ver los méritos de su nueva era.

Otra constituyente, probablemente en señal de rebeldía y denuncia de esta sociedad injusta, estimó del caso hacer su discurso formal con el torso desnudo, pero no es necesario desafiar el buen gusto y el pudor para afirmar ideas bien pensadas. En otro exceso, el de los desmanes en Plaza Baquedano, hicieron que el Ejército retire, de noche y con un dejo subrepticio, los restos del soldado desconocido, para evitar que sigan profanándose semana a semana. Ese chileno, que murió para que nosotros tengamos un país soberano, también forma parte de esa “historia de despojos” que es necesario cancelar.

Por todo esto, el más inesperado candidato presidencial aparece disputando el liderazgo en las encuestas, en un fenómeno que a primera vista resulta incomprensible. El mismo país que votó abrumadoramente por una nueva Constitución, que eligió una Convención Constituyente de extrema izquierda, en que se produjo eso que los matinales llamaron el “estallido social”, ahora parece que puede elegir al candidato de “extrema derecha”, el que habla del sentido común y propone zanjas para dificultar el ingreso de inmigrantes.

Es que la gente, no quiere nuevas eras, ni grandes revoluciones; la gente sencilla quiere, como Groucho Marx, pequeñas cosas: que se cumpla ley, tener trabajo, llegar a la casa sin miedo, que los narcos no gobiernen su barrio y un Presidente que sepa cuál es el presupuesto del país.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.