En Perú, la última palabra es del TC

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l Presidente peruano, Martín Vizcarra, tras su mensaje a la nación. Foto: Agencia Andina



La complicada situación política del Perú tiene un camino de resolución que debe decantarse en los próximos días. El país estuvo en un estado extremo de enfrentamiento político entre Ejecutivo y Legislativo, y se llegó a un punto de polarización en que triunfaría el más fuerte. El triunfador iría a ser, evidentemente, el Ejecutivo, que tenía el mango de la sartén en sus manos, al tener de su lado a las Fuerzas Armadas y otros poderes institucionales y fácticos, como un importante sector de la prensa, casi toda la izquierda y diferentes sectores políticos. Así se dieron las cosas y hace dos días se produjo la etapa inicial del desenlace, con la disolución del Congreso a cargo de un presidente que de pusilánime paso a guerrero político, alentado además por el total desprestigio de esa fundamental institución de la democracia, y por la sintonía con una población que mayoritariamente odia al Congreso.

Antes de irse, los representantes "disueltos" decidieron sancionar al Presidente Vizcarra con una "suspensión" temporal, y designar como "presidenta" a Mercedes Aráoz (segunda vicepresidenta), que ha "asumido" un rol paralelo a Vizcarra. De momento, esto no tiene fuerza alguna.

Pero hay algo fundamental pendiente, que es la opinión del Tribunal Constitucional (TC). En momentos en que todos los actores políticos interpretan la Constitución de todas las formas habidas y por haber en línea con sus intereses, es el TC el único "interpretador" oficial de la Carta Magna. Su pronunciamiento será definitivo.

Luego que los altos mandos de las instituciones militares reafirmaron que el Presidente Vizcarra es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, el gobernante se consolidó, sin lugar a duda, en la continuidad al frente del Ejecutivo.

El único espacio posible para la oposición es que el TC interprete la decisión de disolver el Congreso como un acto ilegal, sacando a Vizcarra del juego, hecho que llevaría a Aráoz a ocupar la presidencia. La posibilidad es remota. La oposición tendría que reconocer su disolución, de modo que la Comisión Permanente, que solo cumple funciones coordinadoras, pueda solicitar al máximo organismo constitucional tal interpretación. Aparentemente, la fuerza política de Vizcarra es muy grande; las posibilidades de Aráoz, pequeñas.

Ante una consulta de Mercedes Aráoz a la Organización de Estados Americanos, el organismo ha contestado que ve como un "paso constructivo" que Vizcarra convoque a comicios parlamentarios "conforme a los plazos constitucionales", y que sea el pueblo peruano el que elija un nuevo Congreso. Asimismo, exhortó al Tribunal Constitucional a pronunciarse sobre la disolución.

Todo esto constituye una nueva situación extrema en la política del Perú, país acostumbrado a la convulsión política. Sin embargo, el TC tendrá la última palabra, levantándole o bajándole el pulgar al actual y, por ahora, legítimo presidente.

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