Piñera paga doble

La crisis, más que económica o sanitaria, es profundamente política. Si bien el adecuado manejo de la pandemia y el exitoso proceso de vacunación podrían ser los puntales del proceso de reactivación de Chile, lo cierto es que el desenlace es cada vez más incierto.



Por Cristián Valenzuela, abogado

En una curiosa alianza, el FMI y la Cepal se pusieron de acuerdo para felicitar a Chile por su plan de ayuda fiscal. En uno y otro caso, lo que se destaca es la respuesta sólida, contundente y efectiva para hacer frente al impacto económico y social de la pandemia.

Pero al político chileno promedio eso le importa poco. Lo relevante es ocupar el espacio público y empatizar con el pueblo imaginario que clama por más y más recursos. La creatividad no ha tenido límites.

Por eso surge como solución el retiro del 10% de los fondos de pensiones. Cual cajero automático, los políticos de izquierda y de derecha no pueden resistirse a la tentación de darles un bono a los ciudadanos con cargo a sus propios ahorros. “¿Cómo no se me había ocurrido antes?”, se preguntarán algunos, viendo cómo cada dos meses, en un acto “patriótico”, los parlamentarios aprueban este bono adicional. ¿Y las jubilaciones? Preocupémonos de eso más adelante.

Luego de dos retiros, millones de chilenos se han quedado sin fondos. Pero eso no es obstáculo para el populista de turno, que ahora quiere exprimir los fondos de cesantía y seguir generando la ilusión de abundancia plena. ¿Qué importa que esos chilenos queden sin trabajo en el futuro si podemos ocupar esos recursos para esta contingencia? ¿A nadie se le ha ocurrido quizás meterle mano a la cotización de Fonasa? ¿O hacer hipoteca revertida en las viviendas de la clase media para enfrentar las contingencias del ahora? Total, si después se enferma o pierde la casa es un dato de la causa; lo importante es sacar provecho político coyuntural.

Para algunos, en tiempos electorales, todo vale. No importa que el Presidente haya doblado la apuesta y sumado más de seis mil millones de dólares a la mesa. Tampoco importa que Chile lidere los aportes fiscales comparado con cualquier país en vías de desarrollo. La jauría demagógica seguirá innovando y creando nuevas alternativas para aparecer como sensible ante la opinión pública y receptivo de las críticas del conductor del matinal de turno.

La crisis, más que económica o sanitaria, es profundamente política. Si bien el adecuado manejo de la pandemia y el exitoso proceso de vacunación podrían ser los puntales del proceso de reactivación de Chile, lo cierto es que el desenlace es cada vez más incierto. Quizás el símbolo más evidente de la descomposición política es que a cargo de la Comisión de Hacienda de la Cámara tenemos al exsecretario general de la Arcis y en la Comisión de Hacienda del Senado, a la pseudoembajadora de Felices y Forrados, ambos actores marginales en comparación con los autores intelectuales de la fiesta del derroche, que permanecen ocultos detrás.

Lo que Chile necesita es seriedad, compromiso y responsabilidad. Después de una grave crisis, donde millones han sufrido los efectos de la pandemia, necesitamos políticos que estén a la altura de las circunstancias y no especuladores que aprovechan de explotar los instintos más bajos de la política social. De lo contrario, no importa cuánta plata se gasten, la historia y el futuro de Chile los juzgará.

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