Plaza Italia



Jorge Aguirre Silva, destacado arquitecto moderno, se preguntaba en Hitos en Santiago. Esplendor y decadencia en su arquitectura y paisaje (1985) cuál sería el principal hito de nuestra capital. El que pudiera distinguirse como hecho o lugar más notorio, al igual que lo fueran en otros momentos sus torres de iglesias, edificios públicos, tajamares, plazas, puentes y paseos, haciendo juego con tan magnífico paisaje: el extraordinario entorno de cerros. Concluía que solo Plaza Italia reunía tales características.

Y es que razón tiene. En ningún otro sitio convergen esfuerzos de tan diversa índole. Vicuña Mackenna, nuestro genio urbanista, marcando espacios, abriendo avenidas (la que lleva su nombre); canalizándose el río hasta Pío Nono a fines del XIX; trazándose el Parque Forestal, por la misma época, en terrenos ganados a basurales; tiempo después, la llegada del tren (estación Pirque), luego tranvías; otros dos parques a partir de potreros (el Balmaceda diseñado por Prager y el de Bustamante), para después abrir cauces al oriente, Providencia y Costanera. Es decir, se trata de una plaza eje. Irradia hacia todos los puntos cardinales; no solo separa el "para arriba" y el "para abajo" que obsesiona a sociólogos. Delimita la vieja ciudad colonial proyectando vistas con las que sueña el XIX y concreta el XX. Supera por primera vez las dimensiones del antiguo "damero". Ofrece las mejores perspectivas y, es tal su espacio, que hace caber a miles sino millones. Súmenle que concentra algunos de los mejores monumentos del país (el donado por italianos, el otro por alemanes, el Manuel Rodríguez volando, el Balmaceda de Román y el Baquedano de Arias, que también honra al soldado desconocido), otro tanto los edificios Turri y la Escuela de Derecho, su mejor arquitectura.

Cuesta imaginar tanta densidad histórica en un solo lugar público en Santiago. Es el gran hito, el que tan justamente señala Aguirre Silva al definir qué entiende por hitos: "sitios donde el ciudadano reconoce aquello que en su diario vivir le señala un tiempo, una medida, un momento [que] en los casos de ausencia, su imagen le llena de añoranzas". Porque histórico seguirá siendo aunque la indignación arrase con todo, pero vean ustedes en qué sentido perverso, con qué intencionalidad y furia brutal, en versión actual.

Fue Jules Michelet quien primero detectó que las revoluciones propician espacios chatos y vacíos. Nada de espléndidas estatuas o construcciones valiosas. Solo "Campos de Marte", lugares toscos donde montar guillotinas y ejecuciones (como en el París del terror), ejercicios militares y "fiestas" como en la Plaza Roja de Moscú, en Tiananmén y ese otro peladero en La Habana, en los cuales representar y hacer sentir su terrible poder. ¿Quién dice que detrás de tanta destrucción no hay cerebro?

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