Pobre Chilito



Por César Barros, economista

A muchos -si no a todos- los lectores de este medio, les impactó la columna de Óscar Guillermo Garretón, señalando -con conocimiento de causa- que Chile se encamina sin detención a lo que sucede en México con la droga y el crimen organizado, y a Colombia con la guerrilla y también narcotráfico (ambas cosas son simbióticas).

Hace ya casi medio siglo -tanto tiempo hace-, mi profesor Alberto Valdés me invitó a Cali (al Centro Internacional para la Agricultura Tropical, CIAT). Dentro de la visita, nos llevaron a un tour por la ciudad. Nos alertaron de que no lleváramos relojes, medallas ni billeteras. La razón era obvia, aunque en el Chile de esa época no se necesitaba aquello: Santiago se podía recorrer a pie sin miedo. Curioso, pensamos. Fue extraño ver en cada local comercial guardias privados con tamaños pistolones. Alberto me dijo: “En la economía, como en la naturaleza, se abomina el vacío -Aristóteles dixit- y aquí, sin Estado protector, el sector privado se las arregla solo, y contrata protección”. También me llamaron la atención los muros externos de las casas (tres metros mínimos). “Es por los robos” me dijeron. O sea, una versión muy anticipada del Chile actual.

Y otro recuerdo: debe haber sido 2012 o 2013. Comida en la casa de un amigo con algunos compañeros del curso de oficiales de reserva. Presente el ex fiscal nacional de Colombia. “Ustedes no son conscientes del drama que se les viene. Ya el narcotráfico se salió de control en Chile. He conversado con al menos dos presidentes de la República, de la Corte Suprema y del Parlamento. Todos dicen que es un punto de vista interesante, pero no se hace nada. Y yo creo que ya es tarde”. No era un señor cualquiera: era el equivalente de Abbott en Colombia.

Bueno, de esa época en adelante, hemos visto cómo el narcotráfico se apodera de nuestras comunas más pobres. Y está llegando a lugares impensables por su lejanía y anterior tranquilidad. Ya tenemos incluso “macrozonas” que se empiezan a parecer, no al Far West, sino a las regiones de Colombia donde mandaban las FARC hasta hace no mucho tiempo.

Estudiando en EE.UU. -también hace casi medio siglo- conversábamos con los amigos mexicanos. Ellos ya en esa época tenían TV a color (nosotros recién en los 80), no existían allá las “citrolas” ni las “renolas”; tenían autos de verdad. Y había algo que en Chile fue inexistente hasta los 80: ¡malls y supermercados! Estaban mucho más avanzados que Chile. Sin embargo..., sin embargo. Ellos nos preguntaron -a los chilenitos- cómo eran nuestros “condominios cerrados”. Ni conocíamos el concepto. Y preguntamos, curiosos, de qué se trataban. Nos explicaron que eran barrios cerrados, protegidos, con su propia policía y solo entraban los dueños, sus familias y sus conocidos. Razón: para protegerse del crimen urbano. Y tenían un claro sello segregacionista. Bueno, medio siglo después, México está dividido: “está ocupado” en muchos estados y zonas por el crimen, el narcotráfico y la guerrilla, con un ejército y una policía sin efectividad alguna. Se comienza a clasificar a ese país como un estado fallido.

Y volvamos a Chilito. Donde nunca se hizo nada serio, donde siempre ha sido un poco más de lo mismo, en la droga, el crimen y La Araucanía. Ahora tenemos problemas que ya no son más de lo mismo. A muchos les da miedo decirlo tan públicamente como Óscar Guillermo. Aplaudo su valentía.

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