Por qué no se van

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

La fórmula de Capital + Trabajo está más vigente que nunca en un mundo en que la tecnología y la globalización mandan.



10%´s, IFE´s, PBU´s, reintegros y otras iniciativas billonarias se agolpan en el Congreso y los matinales. Una orquesta enloquecida, con el ofertómetro a tope. Todo improvisado, todo estridente, todo insostenible. Con horizonte de pigmeos y profundidad de enanos. Coreando universalidad en la crisis más desigual que se recuerde. Algunos han mantenido sus ingresos y ahorrado, los que hacen teletrabajo, los empleados fiscales y los que reciben rentas vitalicias, por nombrar algunos. Otros están en la desesperación. Pero se optará por el fuego a discreción al ritmo frenético de las elecciones. Parece no haber más alternativas cuando se acabó el tiempo y se cabalga al lomo de un tropel de caballos desbocados.

Para financiar estas promesas, y hacer el cóctel aún más insostenible, bajo una fachada de solidaridad se esconden el oportunismo y la revancha: Hay que mostrar los dientes al capital. Un ejercicio peligroso que olvida un axioma de curso de Introducción Economía: el complemento entre Capital y Trabajo. Primero están “Los Retiros”. En la práctica, son un impuesto a la vena de todos los futuros miserables para financiar su propia crisis. Los políticos discutieron 13 años cómo mejorar las pensiones y las dinamitaron en 8 meses. Pasaron además a llevar a las Compañías de Seguros. Todo un récord. Las AFP´s justo esta semana cumplieron 40 años. Nadie sabe con qué las reemplazaremos (pero eso qué importa). El “Impuesto a los Super Ricos” ahuyentará primero a sus inversiones y luego a los meros super ricos. Maletas y bártulos a Miami, Lisboa o Montevideo. Si todo sale mal, se les unirán los casi super ricos, los ricos, los casi ricos, los casi casi ricos y los que quieren ser ricos. El “Royalty Minero” es una fiesta sorpresa a la que no estábamos invitados. Irresistible. De esas que se escuchan con risas y cantos a lo lejos. Entrar saltando la pandereta y empujar a todos para reclamar el 82% del bar es una simple locura. Bloomberg ya ayer activó las alarmas en todo el mundo hablando de un “Giant tax hike”. Bonito titular…

La relación entre capital y trabajo es casi siempre virtuosa. 3 ingenieros pueden tener ideas brillantes respecto a cómo revolucionar la venta de supermercados. Pero se necesitaron USD 31,7 millones en 4 rondas de capital para levantar Cornershop y generar ingresos para decenas de miles de personas en 8 países. Este es sólo un ejemplo: 42% de los nuevos empleos en Chile entre 2015 y 2018, un total de 700.000, fueron generados por empresas con menos de 5 años de antigüedad. Todas necesitaron capital para financiar su desarrollo.

La fórmula de Capital + Trabajo está más vigente que nunca cuando la tecnología y la globalización mandan. Es la única forma de generar bienestar general en el largo plazo. Pero funciona sólo si los países no execran el capital. Éste se mueve a la velocidad con que los bits cruzan los continentes. Busca retornos o seguridades. Escapa de los riesgos que no es capaz de entender. Y tiene miles de alternativas. Cuando los bancos de inversión dejan de confiar, los fondos dejan de invertir y los ricos de todo tipo se aburren del bullying y se van, la relación virtuosa termina. Se funa. Las tasas suben. Hay menos empresas nuevas y menos oportunidades para todos. El trabajo sufre.

“Que se vayan si quieren ¡” contestarán entusiasmados. Mal que mal, para financiar lo infinanciable, al final del camino, estará la gran piñata de los Fondos de Pensiones salvados del desfonde. Habrá menos cotizantes, los de mayores saldos, lo que hará el asalto más sencillo. “Hay que ser solidarios con los ahorros barridos por la crisis ¡”. Y el Gran Manotazo estará consumado.

El último acto de destrucción de la base de capital siempre sigue el mismo guión: Fuegos artificiales – despilfarro - corruptelas - bancarrota. Son capaces de hundir hasta los países más ricos de su región, como ocurrió con las granjas de Mugabe en Zimbabwe o el PDVSA de Chávez en Venezuela. Las consecuencias son siempre idénticas: pobreza masiva, hiperinflación (a falta de financiamiento, el Banco Central es la única opción), series de billetes con infinitos ceros, dolarización como humillante epílogo. Caídas del PIB de 50% o más. Miseria. Inversionistas alternativos, rusos o chinos, recogen las sobras.

A esas alturas, la armoniosa relación entre Capital y Trabajo es historia olvidada. Sin inversión, el dicho “la casa se viene abajo” toma cruel sentido. Sólo los más pobres quedan para sufrirlo. Los viejos, los desamparados y los temerosos. Los González y los Tapia. El resto ya ha hecho caso a Los Prisioneros y se ha ido…¿Una pesadilla dirá usted?. Pues ojalá despertemos pronto. Queda poco tiempo para hacerlo…

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