Preocupante escenario en Argentina

Alberto-Fernández

El reciente intento fallido por expropiar Vicentin y el elevado gasto fiscal generado por la pandemia agravan el futuro escenario económico trasandino.




En medio de la crisis sanitaria, que el viernes pasado obligó al gobierno a restablecer el aislamiento estricto en el Gran Buenos Aires y extender las medidas de apoyo económico a la población más vulnerable, Argentina enfrenta un panorama económico preocupante. La reciente decisión de la Casa Rosada de impulsar una ley para expropiar la empresa agroindustrial Vicentin, una de las principales del país, no solo envió una confusa señal a los inversionistas sino que evidenció las tensiones que existen al interior del propio Ejecutivo entre los sectores más duros del kirchnerismo y el ala más moderada.

Si bien la medida fue luego revertida por la justicia, vino a confirmar, según coinciden varios analistas trasandinos, el creciente poder que está teniendo -como muchos preveían- la exmandataria y actual vicepresidenta Cristina Fernández en la toma de decisiones. Una situación que despierta inquietud sobre los derroteros que seguirá la actual administración e instala una importante cuota de incertidumbre producto del ya frágil estado de la economía transandina.

La actual crisis desatada por el coronavirus, encontró al país en medio de un complejo proceso de renegociación con sus acreedores, clave para asegurar la sustentabilidad de su deuda. Argentina debe US$ 66 mil millones y el éxito de este proceso, que a comienzos de año parecía bien encaminado, hoy resulta más incierto. Las partes tuvieron incluso que extender el plazo otras cinco semanas debido a la falta de acuerdo. Una situación que ha reavivado el fantasma del default, más aún considerando que la fallida expropiación de Vicentin instaló otro elemento de incertidumbre entre los inversionistas. Varios expertos alertaron, por ejemplo, sobre el efecto que ello podría generar en la confianza de los bonistas. “¿Cuál será la predisposición de los acreedores para refinanciar esas deudas, sabiendo que corren el riesgo de que luego la empresa sea intervenida o expropiada?”, planteó, por ejemplo, el economista transandino Marcos Buscaglia. Un hecho que, además, pone en riesgo la captación de nuevas inversiones, clave para la recuperación.

Pero la complejidad del futuro económico argentino no solo se debe a la difícil renegociación de su deuda, sino también a la creciente presión fiscal que enfrenta a causa de la actual crisis sanitaria. Las moderadas cifras de contagios que aún exhibe el país se explican en parte por la estricta cuarentena impuesta en Buenos Aires y en parte de la provincia. Una medida que no solo afectó seriamente la actividad productiva del principal centro urbano del país, sino que además demandó un altísimo gasto fiscal para apoyar a las familias más vulnerables, a través de ayuda social y un ingreso familiar de emergencia. El gobierno ha destinado US$ 20 mil millones para hacer frente a la emergencia, lo que agrava el ya elevado déficit fiscal. Y a ello se suma el aumento de la emisión monetaria -que creció 18% entre febrero y mayo-, lo que generará una fuerte presión inflacionaria. Para este año el FMI proyecta una caída del PIB de 9,9%, pero insiste que una extensión de la cuarentena empeoraría el panorama. Una situación que instala un escenario explosivo en el país transandino.

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