Max Colodro

Max Colodro

Filósofo y analista político

Opinión

Presidencialismo en forma

09 DE AGOSTO DE 2018/SANTIAGO El Presidente de la República, Sebastián Piñera (c), junto a la Primera Dama, Cecilia Morel (d), y al Ministro del Trabajo, Nicolás Monckeberg (i), durante una presentacion y anuncio del ingreso del Proyecto de Ley de Trabajo a Distancia.FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

Sin preámbulo y por sorpresa, Sebastián Piñera decidió salir a enfrentar el difícil momento que atraviesa su gobierno; una circunstancia marcada por cuatro semanas de caída en las encuestas y por un visible deterioro en la confianza respecto de la marcha de la economía. El Mandatario optó, entonces, por no especular ni dilatar la situación y recurrió al más obvio expediente de un régimen presidencial: dar un golpe de timón, cambiar los ‘fusibles’ que no lograron acoplarse a su diseño técnico y político, buscando, de paso, retomar el control de una agenda relativamente extraviada.

En sus palabras posteriores al juramento de los nuevos secretarios de Estado, los énfasis se concentraron en las expectativas económicas, lo que, sin duda, contrastó con su decisión de no hacer modificaciones en el equipo a cargo de esa área. Seguramente porque lo que se buscó al final fue reafirmar una línea de conducción y de trabajo conectada de manera estrecha con las prioridades del propio Mandatario, y cuyos resultados simplemente no pueden ser visibles en el corto plazo. Así, es probable que el imperativo de entregar una clara señal de respaldo a la actual política económica haya terminado por salvar esta vez al ministro Valente, cuyo nombre estuvo entre los trascendidos para abandonar el gobierno hasta último minuto.

¿Qué gatilló ayer la decisión de concretar este cambio de gabinete? Difícil saberlo a ciencia cierta, pero es probable que la reiteración del ahora exministro Varela respecto a que ‘el país necesita más Estado y más bingos’ terminara por colmar la paciencia del Presidente de la República. Y, de paso, la ocasión fue también propicia para restar visibilidad al nombramiento de la expresidenta Bachelet en un alto cargo de la ONU. De este modo, La Moneda logró ayer desprenderse del ministro que más ruido comunicacional generó en estos primeros cinco meses de mandato, reinstalando al gobierno como prioridad noticiosa en un momento en el que la atención se concentraba en la proyección internacional de la exmandataria.

En lo inmediato, la jugada de Sebastián Piñera parece acertada: refuerza su liderazgo presidencial, muestra una rápida capacidad de reacción ante las dificultades, permite resolver problemas comunicacionales y políticos que estaban generando costos importantes. Pero el acierto inmediato no asegura que los factores que explican la pérdida de aprobación y las incertidumbres asociadas a los problemas de empleo y remuneraciones, puedan ser efectivamente desactivados. Si este movimiento de piezas no va acompañado de una mayor sintonía fina en materia de conducción política, es probable que sus esperados efectos terminen al final por diluirse en un par de semanas.

En síntesis, el gobierno decidió responder con prontitud a un trance complejo. Pero la resolución de sus causas requería de un análisis sereno y profundo. El tiempo dirá si ello también fue parte de esta puesta en escena.

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