Proceso constituyente: necesidad de diálogo

La Constitución. Foto: Pablo Ovalle Isasmendi / Agencia Uno.

La Constitución. Foto: Pablo Ovalle Isasmendi / Agencia Uno.



Tras el anuncio del gobierno de que se abrirá un proceso constituyente con miras a dictar una nueva Constitución -un giro total en relación con la postura que hasta ahora había sostenido el Ejecutivo-, es evidente que con ello se han abierto espacios para una negociación que permita destrabar la actual crisis, que ya ha entrado a su tercera semana.

La propuesta que ha delineado el gobierno contempla convocar a un congreso constituyente, que deberá elaborar el nuevo texto en un plazo acotado y razonable, sujeto a un plebiscito que refrende la propuesta final. Se desconoce aún si el proyecto se refiere al actual Congreso, o si se elegirán a nuevos representantes, y bajo qué fórmula; tampoco es claro si habrá criterios para fijar ciertas cuotas, por ejemplo para el caso de pueblos originarios.

La gran cantidad de detalles aún pendientes en la propuesta del Ejecutivo dificulta por ahora una evaluación más integral; con todo, la mayoría de las fuerzas políticas de oposición ha reconocido el gesto del Presidente Sebastián Piñera en dar este paso y comenzar un debate constitucional, especialmente porque se trata de una materia que no formaba parte del programa de gobierno.

Con este paso es el momento para que la política juegue el rol que la mayoría del país espera y logre ir construyendo acuerdos, en términos que preserven el valor de las instituciones y permitan corroborar que Chile no ha perdido su capacidad de brindar estabilidad jurídica. Lamentablemente, no todos los sectores han mostrado la generosidad y sentido de responsabilidad que reclama el actual momento, y han optado por promover fórmulas desestabilizadoras. En ese sentido, sorprende que el senador Alejandro Guillier -quien fue abanderado presidencial de la Nueva Mayoría- haya caricaturizado la propuesta del Ejecutivo e incluso hiciera un llamado tanto al Presidente de la República como a todos los parlamentarios para que renuncien y así adelantar las elecciones generales, como única forma de superar el estado de crisis. En un sentido similar se pronunció el senador Alejandro Navarro, dando nuevas muestras de su pertinacia por abrazar causas equivocadas.

Es decidor que la mayoría de los presidentes de partidos de oposición haya tomado distancia de Guillier, conscientes de que la opción que plantea el senador desembocaría en una crisis política de proporciones. Además de reflejar una inexplicable falta de comprensión de lo que está en juego, tampoco luce bien que aparezca solicitando la renuncia de quien precisamente lo derrotó en las elecciones pasadas. Al no medir bien sus dichos, él mismo se pone ahora en la incómoda posición de tener que responder si habría dejado el cargo en caso de que él hubiese resultado electo y le tocase enfrentar esta crisis, algo que por lo demás planteó el propio presidente del Senado.

En una muestra de escasa vocación democrática, hay sectores que en las últimas horas han insistido en seguir convocando a paros generales o movilizaciones a gran escala para generar un cuadro de desestabilización; incluso últimamente se han denunciado retenciones de automovilistas por parte de grupos de manifestantes para obligarlos a "bailar", o de lo contrario no se les permitirá el paso. La intolerancia, la coacción o el maximalismo son actitudes ajenas a la convivencia democrática.

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