Paula Ascorra

Paula Ascorra

Investigadora Principal Centro de Investigación para la Educación Inclusiva Directora de Escuela de Psicología Pontifica Universidad Católica de Valparaíso Investigadora del Programa de Apoyo a la Convivencia Escolar PACES PUCV

Opinión

Procesos de selección perfeccionan mecanismos de segregación

En el segundo nivel medio C (vespertino), del Liceo Agustín Edwards de Conchalí, más de la mitad de los alumnos son extranjeros.

Esta columna fue elaborada con la colaboración del Dr. Juan Pablo Valenzuela, investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile (CIAE).

La propuesta emanada desde el ejecutivo de “perfeccionar” el Sistema de Admisión Escolar (SAE) permitiendo a los establecimientos de excelencia seleccionar el 100% de sus estudiantes y al resto de las escuelas que reciben subvención del Estado hasta un 30% de ellos es, sin duda, un retroceso para una política de inclusión, equidad y cohesión social. 

El Ministerio de Educación, al reinstalar la idea de selección por méritos académicos, lo que está promoviendo es el perfeccionamiento de los mecanismos de filtro en vez de promover la generación de valor en la escuela. Al privilegiar la selectividad de los mejores estudiantes, los colegios reducen sus esfuerzos por agregar valor en los diversos componentes de la calidad, pues se focalizan en cómo seleccionar y en cómo mantener solo a aquellos estudiantes de alto desempeño académico, en desmedro de avanzar hacia modificaciones que potencien la calidad educativa.

Dicho en términos directos, los procesos de selección lo que hacen es perfeccionar los mecanismos de segregación que dejan “aghettados” a los estudiantes lo que favorece una alta homogeneización intra escuela y una alta heterogeneidad entre escuelas. Por lo tanto, desde la experiencia educativa, los estudiantes chilenos no experimentan la vivencia de la diferencia –ya sea de nivel socioeconómico o de habilidades– y con ello, se limita la posibilidad de cohesión social y la construcción de un tejido que permita el diálogo transversal en la construcción de un proyecto país.  

Resulta incongruente insistir en la selección por méritos académicos, cuando las agendas educacionales avanzan hacia el desarrollo de competencias individuales y sociales, como sería la autoconfianza, la autoestima, la colaboración, la convivencia escolar, las habilidades cívicas y democráticas, y las habilidades prosociales, entre otras.

Aún cuando desde la Academia y la investigación estemos interesados por el desarrollo de un proyecto educativo nacional, resultan atendibles las demandas de apoderados que señalan como “injusto” que sus hijos no puedan acceder a una educación de calidad cuando se han preparado y realizado profundos esfuerzos con el objeto de ingresar a establecimientos de excelencia. Impulsar cambios en la Ley de Inclusión si bien acoge el malestar de algunas familias, también esconde el malestar de múltiples familias que estiman que sus hijos que presentan habilidades no académicas (buen comportamiento, respeto a sí mismo y a los otros, liderazgo, tolerancia, asertividad, autorreflexividad, etc.), también tienen derecho a elegir escuelas de excelencia.

Como bien lo reporta la investigación, los estudiantes no aprenden solo de sus profesores sino también de los propios estudiantes. Esto se conoce como “efecto par”. Promover un ambiente diverso potencia la posibilidad de incorporar habilidades distintas y con ello, el desarrollo de todos los estudiantes. Más que modificar la Ley de Inclusión el país debe avanzar hacia garantizar una educación de calidad e inclusiva para todos los estudiantes chilenos y no apostar por construir “ghettos”, lo que termina por incrementar la segregación, la inequidad y la injusticia social.

 

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