Francisco Vicencio M.

Francisco Vicencio M.

Investigador del Centro de Políticas Públicas

Opinión

Prosur: ¿destinada a morir desde el origen?

22 de Marzo de 2019/SANTIAGO El presidente de la Republica, Sebastián Piñera, junto a los presidentes de los países de América del Sur, firman la declaración del Prosur. De izquierda a derecha: Jeorge Talbot, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, el presidente de Colombia, Ivan Duque, el presidente Sebastian Piñera, el presidente de Argentina, Mauricio Macri, el presidente de Peru, Martin Vizcarra, el presidente de Paraguay, Mario Abdo. FOTO: SEBASTIAN BELTRANGAETE/AGENCIAUNO

La integración es un proceso gradual en el que dos o más países acuerdan políticas en uno o más sectores, cediendo atribuciones y poderes soberanos a la institución en proceso, apuntando a la convergencia. Se suelen iniciar en acuerdos económicos de liberalización comercial para avanzar progresivamente a otros tópicos.

En la región, han existido múltiples procesos de este tipo, no obstante, se pueden identificar  dos grandes carencias que impiden el desarrollo de los mismos más allá de la disminución de barreras comerciales, algo a considerar con la muerte de Unasur y el anuncio de Prosur, y la posición que nuestro país ha adoptado en la materia.

En primer lugar, la falta de realismo político: en su génesis, estos acuerdos suelen ser altamente ambiciosos, poseen amplias agendas que terminan generando un entramado burocrático complejo, costoso, complicando las negociaciones y su profundización. Como resultado, su avance se ve dificultado o bien puede incluso llevar a que se conviertan, derechamente, en regímenes de letra muerta.

En segundo lugar, la carencia de una postura de Estado en materia de política exterior en los respectivos países, que impide que se proyecten más allá de la normal alternancia en el poder de los partidos y/o coaliciones. Incluso, hay acuerdos en los que países retiran la rúbrica en un breve plazo de tiempo, a pesar de que fueron firmados, o simplemente nunca son ratificados.

Esta susceptibilidad política ha permitido una alta proliferación de acuerdos de este tipo, gatillados más bien por simpatía o afinidad ideológica y por qué no decirlo, personal, lo que ha generado tanto desperdicio de recursos como superposición de funciones.

Una organización que refleja claramente el primer punto es el Mercosur, que aspiraba a convertirse en un mercado común con libre desplazamiento de los factores de producción –trabajo y capital- entre todos los miembros. Veintiocho años después de su fundación, continúa siendo una Unión Aduanera –área de libre comercio con una tarifa externa común- lejos de sus aspiraciones iniciales.

Actualmente, Chile tiene el riesgo de caer en este tipo de problemas. Si bien en las últimas décadas ha mantenido una posición unificada de Estado en materia de política exterior, reflejada en la postura que ha adoptado frente a las demandas de Perú y Bolivia ante La Haya, y alejada de los vaivenes de la política nacional, recientes acontecimientos hacen merma a esta seriedad y continuidad.

Un ejemplo claro fue lo acontecido en torno al Acuerdo de Escazú, tratado medioambiental liderado por Chile en conjunto con Costa Rica, que se originó en la Conferencia Río +20 en 2014 y en la Decisión de Santiago en 2016, del que sorpresivamente, y a pesar de ser los impulsores, nuestro país desistió de firmar en septiembre 2018. Independiente de las razones tras esta decisión, la posición nacional en materia internacional se ve debilitada. A pesar de ello, la próxima cumbre de la ONU por el cambio climático será organizada en nuestro país en enero 2020. Paradojal.

Un segundo ejemplo es la decisión del Gobierno de abstenerse en la votación del Pacto Migratorio de la ONU, aprobado en diciembre de 2018 por 152 países, ante sorpresa de la delegación chilena y contradiciendo lo declarado anteriormente por el propio canciller. Otro autogol para el prestigio y seriedad de nuestro país ante el mundo.

Chile podría caer en un error con liderar Prosur, objetivo más bien personal del primer mandatario por visibilizarse a nivel internacional tal como lo ha logrado la expresidenta Bachelet. El propio Presidente Piñera ha declarado las grandes intenciones –ambiciones- de la nueva organización, que podría caer en el mismo error en el que, a su juicio, fue la sentencia de muerte de Unasur: el excesivo ideologismo.

Esto porque, en su origen, los gobernantes de la región eran de mayoría de izquierda, mientras que, en la actualidad, y quienes han mostrado simpatía con Prosur, son de derecha. Vale decir, impediría la proyección y el avance a largo plazo, y se convertiría, de concretarse, en una organización circunstancial determinada por los vaivenes de los cambios en los gobiernos.

Unasur fracasó, además, por falta de consenso entre sus miembros y se encontraba acéfala por lo mismo. Prosur puede ir desde su origen destinada a morir. La alternancia en el poder es propia de una democracia y, si bien implica cambios naturales, la política exterior de Chile no debiese estar sujeta a ello.

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