El Contribuyente

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Opinión

Pseudo carreteras

Así lucía hoy por la tarde el retorno a Santiago.

Ahora que algunos disfrutan -o se disponen a hacerlo- de unas (supongo) merecidas vacaciones de invierno, conviene echar una mirada a la triste, desactualizada y deficiente infraestructura vial. Nuestra vital Ruta 5, por ejemplo, es poco más que una calle de tránsito cuasi urbano, con montones de ciudades que la cruzan y utilizan cual paseo vecinal.

Posee sitios reservados para el descanso de los conductores, pero todos sabemos que son inseguros, sucios y controlados por los camioneros. Camioneros, mención aparte, que aprovechan desde hace años este sistema subsidiado de transporte para desarrollar su actividad, la mayor de las veces a exceso de velocidad y con escasa preocupación por el resto de los usuarios (ni hablar de las empresas de transporte de pasajeros, porque ellas merecen una columna especial).

Por nuestras carreteras concesionadas cruzan peatones, también perros y hasta es posible encontrar caballos, vacas y otros animales (incluso, algunos conduciendo). Los cercos que -por norma- la protegen están muchas veces en el suelo o han sido reemplazados por puestos de venta de todo tipo de comidas, pasteles, charqui, bebidas, flores, artesanías, corderos muertos, quesos de cabra, etc.
Notable resulta aproximarse a una plaza de peaje, siempre engalanada con un cartel que advierte las penas del infierno para quien ose comerciar sus productos en este espacio sacro santo. Y ahí mismo (haciendo caso omiso a los mensajes) están los vendedores ambulantes, con una buena dosis de la diversidad de especies ya mencionadas.

En nuestras carreteras hay hoyos, muchos hoyos (o eventos, como los llaman), pero siempre figuran arreglos donde abundan los obreros, pero solo un par agarra la pala.

En nuestras carreteras hay tacos, porque se venden más autos de los que caben en el camino y eso todo el mundo lo sabe pero nuestros políticos no se ponen de acuerdo en volver a licitar, anunciar o no terceras pistas ni menos se atreven a poner en las cuerdas a las empresas por claro y evidente incumplimiento de contrato.

En nuestras carreteras hay peajes. Hasta me atrevo a sostener que sobran peajes, porque viajar por ellas no es barato, pese a todo este servicio mediocre al que estamos sometidos, por el simple hecho de que constituyen un monopolio.

Finalmente, en nuestras carreteras se conduce por la pista izquierda, porque somos los ingleses de América, como ya es bien sabido, y ello tampoco se fiscaliza.

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